Salvo la trenza ocasional que asoma bajo el casco, prácticamente nada las delata.
Enfundadas en el uniforme, cada bolsillo abultado por alguna pieza de equipo, máscara de gas tapando el rostro y fusil al hombro, es fácil tomarlas por uno de esos comandos super duros de las películas que se internan en selvas imposibles y lo vuelan todo a su paso sin pestañear.
Su comandante, el coronel Frode Kristoffersen, se refiere a ellas como «las chicas»: un puñado de reclutas que integran la primera fuerza especial militar exclusivamente formada por mujeres en el mundo, las «cazadoras» o Jegertroppen de ese país escandinavo.
Las duras pruebas que pasaron las primeras mujeres «rangers» de EE.UU. «Algunas se ven como G.I. Jane», comenta el coronel Kristoffersen, jefe del Comando Especial de las Fuerzas Armadas noruegas (FSK), en alusión a la icónica película de finales de los 90 protagonizada por Demi Moore.
«Me gusta la vida activa. Siempre quise unirme al ejército. Es genial estar aquí», cuenta una de las cazadoras. Es una de sólo 14 reclutas que han superado el duro proceso de selección y terminaron incorporadas a la unidad.
Se llama Martina. Y sólo está autorizada a darnos su nombre de pila. Porque, para seguir con el tema hollywoodense, su identidad y la de sus compañeras se mantiene en secreto.
Con la parquedad característica de quienes eligen hacer vida militar, ella y el coronel Kristoffersen le contaron a BBC Mundo cómo funciona este proyecto piloto, único en su tipo.
Competencia desigual
Noruega no es el único país donde hay mujeres que combaten codo a codo con hombres en las fuerzas armadas.
Pero los filtros tradicionales a los que las aspirantes eran sometidas irremediablemente terminaban en fracaso.
Por diez años ninguna logró pasar las pruebas de los regimientos de paracaidistas, fuerzas especiales terrestres o fuerzas especiales navales.
Aun así, el ejército noruego veía una necesidad de integrar a mujeres a sus fuerzas especiales.
«La mayoría de las operaciones de los últimos años se han efectuado en ambientes urbanos, lo que implica interactuar con la población local», explicó el coronel Kristoffersen.
«En lugares como Afganistán, llegar a la parte femenina de la población es mucho más fácil para operativos femeninos».
De ahí nació el proyecto Jegertroppen.
«Con frecuencia el problema estaba en la competencia con los chicos dentro del proceso de selección. Está muy enfocado en las habilidades físicas. Y lo que encontramos es que (al descontar ese factor), las chicas se han beneficiado, podemos conducir su desarrollo de otra forma», dijo el jefe de FSK.
Su especialidad es efectuar las llamadas labores de «reconocimiento» y, aunque todavía no han operado el terreno, se espera que eventualmente participen en misiones específicas que involucren población civil en ciertos escenarios de conflicto.
En cucharaditas
Esto hace diferencia en varios aspectos prácticos.
Por ejemplo, las mochilas que deben cargar las cazadoras en el terreno son menos pesadas que los de su contraparte masculina.
En teoría, ellas no están destinadas a efectuar largas marchas a pie.
«Estamos limitadas un poco en el aspecto físico», ratifica Martina. «Es una cuestión de la naturaleza».
Pero eso no ha hecho de su entrenamiento una tarea más ligera ni menos rigurosa.
De las 196 que se postularon para participar en el programa en 2015, sólo 17 completaron el entrenamiento y 14 se incorporaron a la unidad.
«La selección fue sólo el principio de un año verdaderamente difícil, mucho más de lo que me esperaba», le dice a BBC Mundo la cazadora.
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