Por Alexis Ortíz

Bolivia perdió su salida al mar en la absurda Guerra del Pacífico de la década de los 70 del siglo XIX. Ahora es un país de contrastes y biodiversidad pero mediterráneo, atrapado en el centro de Suramérica. Su historia ha sido de escaramuzas, inestabilidad y autoritarismo.

Hoy Bolivia sufre el gobierno más infame de su historia. Lo preside un caudillo cocalero, demagógico, corrupto y represivo, que finge ser indio, el engreido mestizo Evo Morales. Evo, controlado por el comunismo cubano y aliado de Hugo Chávez, Maduro, Lula Da Silva, Hezbolá, Hamas, Rusia, China, Irán, Turquía y otros entes impresentables, ha hecho del descaro su modo de hacer política.

Con desparpajo declara que él viola las leyes y que después sus abogados se encarguen de remendar el descosido; asesina a unos supuestos terroristas en Santa Cruz y no da explicaciones; destruye un parque nacional (TIPNIS) y reprime a los indígenas que lo habitan, al tiempo que imposta ser devoto de la Pachamama, la Madre Tierra; y, lo más bochornoso, pretende ser candidato presidencial una vez más, cuando el pueblo boliviano, de manera mayoritaria y contundente, decidió en un referendo el 21 de febrero de 2016, que él y cómplice el vicepresidente García Linera, NO podían ir a una nueva reelección.

Pero para Evo Morales las leyes y las decisiones de los ciudadanos son realidades prescindibles y despreciables. El ya se acostumbró a hacer lo que le da la gana. Abuso, represión y descaro son sus consignas. Eso lo pueden ratificar sus prisioneros, desterrados, agredidos y proscritos, entre otros:

Leopoldo Fernández, Melania de Suzuki, Marco Justiniano, Mario Cossio, Sabina Cuéllar, Roger Pinto, Carlos Sánchez Berzaín, Manfred Reyes, Gonzalo Sánchez de Lozada, Branko Marinkovic, Mario Bruno,

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@alexisortizb

Eva Landau, Víctor Hugo Cárdenas, Guido Añez, Carlos Valverde, Ernesto Suárez, Guido Guardia…

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