Por Alexis Ortíz

Kendrick Castillo de Denver, Colorado y Riley Howell de Carolina del Norte, entregaron su vida juvenil enfrentando a pistoleros que atacaban a sus compañeros estudiantes.

Es increible que en una nación modelo de democracia y modernidad, como EEUU, exista tanta veneración por la violencia y las armas de fuego.
Las constantes balaceras y crimenes masivos no terminan de sensibilizar a la clase dirigente, políticos, empresarios y comunicadores, sobre la necesidad de control de armas, espectáculos, deportes y aplicaciones electrónicas violentas.
Las soluciones que se presentan, como esa de armar a los maestros, son de una estulticia insultante.

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