Gustavo Tovar

Artìculo publicado 27 Abr 2019

Opinión
ND

La agonía de los verdugos

Verlos desesperados me ilusiona, su fin es inevitable. Ya ni siquiera un flagrante acto de traición opositor los salva, nada ni nadie les dará respiración boca a boca. Mueren, morirán, están muertos.

La historia los enterrará como el cadaver político más putrefacto de la historia de Venezuela y de Las Américas.

Son la peste…, la peste chavista. El asco humano.

Nicolás, el exterminador

No me equivoqué cuando en 2013 vislumbré que el último amado de Hugo Chávez, su guardaespaldas y chofer Nicolás, sería el exterminador nacional, internacional e histórico del chavismo. Acerté, era obvio, ese mamotreto pervertido corrompería todo.

Tampoco me equivoqué cuando señalé que el peligro que corríamos los venezolanos era permanecer impávidos ante el exterminio nacional. No lo combatimos, esperamos.

Las consecuencias de la pusilanimidad han sido inhumanas, pero ese es otro tema.

El fin de la maldición

El primero de mayo comienza la fase final de la lucha contra la tiranía. No hay manera de que sobreviva su perfidia ni su malandraje, tendrían que asesinar a millones de venezolanos. No tienen como hacerlo ni lo harán. No pueden. La rabia popular les pasará por encima. Esto se acabó.

Insisto, ni la peor de las traiciones políticas podrá detener lo que se viene. Todas las fuerzas telúricas del pueblo están dispuestas y decididas a la libertad.

Se acaba al fin el maldito chavismo.

Los timoratos, siempre los timoratos

Cuando por exigencia del profesor Hurtado leí en el colegio La Salle “La rebelión popular de 1814” de Juan Uslar no di crédito a su capítulo sobre los “timoratos”, esas veletas humanas, pusilánimes y temerosas que a veces podemos ser los venezolanos.

No di crédito porque me parecía imposible que en el pueblo que liberó a las Américas existiese la cobardía o el acomodamiento. Doscientos años más tarde los hemos visto por todas partes. En el mayo de la libertad venezolana aparecerán nuevamente.

¡Mosca con ellos!

Las siete cabezas del monstruo de la traición timorata

Un encuestador que se escurre entre las malezas del dinero fácil; un “académico” soñoliento y baboso, que en un bar aterciopelado y cursi salpica maní mientras escupe histerias; un político melindroso y zamarro que se acerca veladamente al tirano para limpiarle los sabañones mientras negocia; un empresario de burdel, jalabola y celestino, que no sabe usar cubiertos para comer pero sí lamer botas militares llenas de **; un pobretólogo pueril cuyas fantásticas teorías sociales y económicas son tan enternecedoramente lunáticas como falaces; un “dialogador” empedernido de la perfidia y la sangre derramada cuya experticia es la indolencia y el cinismo; y, por último, el intrigador socialista que esconde tras cada pendejada y balbuceo un cheque rojo rojito.

Detrás de cada cabeza del monstruo de la traición timorata está la psiquiatría.

Tiempo de próceres

Nunca antes hubo circunstancias externas e internas como las actuales para acabar con la tiranía chavista. Esto se acabó, es definitivo. La decisión está tomada y es nuestra, quiero decir, del corajudo pueblo venezolano. El hartazgo se organiza y moviliza, el grito popular es: ¡Ya basta!

No es tiempo de líderes sino de próceres, cada uno de nosotros está obligado a serlo. No hay opción, nuestro único enemigo somos nosotros mismos, nuestra frustración y desaliento.

Hay que rematar al agonizante chavismo y enterrarlo.

Y soñar y crear y originar…

Yo ya estoy en Venezuela, me veo junto a ti limpiando los escombros que nos legó la ruina chavista, me veo abrazando y besando a mi amada gente, a mis amigos, a mis vecinos, a mis compañeros de lucha; me veo saludando a mis admirados amigos los presos políticos, me veo haciendo —¿por qué no?— una monumental fiesta mexicana que celebre como griegos y romanos la victoria, pero sobre todo me veo soñando al país que construiremos desde las cenizas, me veo creándolo, me veo originándolo, me veo siéndolo.

Sí, me veo siendo, junto a ti, una Venezuela creativa y creadora, una Venezuela trabajadora y consciente, una Venezuela emprendedora, hacedora, constructiva, una Venezuela más humana y más libre. Me veo en Venezuela transitando su amplio horizonte de próspera libertad.

Pero primero, insisto, tenemos que enterrar al chavismo, hacerlo ya.

Es ahora…

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