El Mundo: Venezuela, la rebelión de las sotanas

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La pintada “ideológica” manchó una de las paredes de la Catedral de Caracas: “Dios es amor, no divición (sic)”, con errata incluida. El ataque en la madrugada del viernes contra la residencia pastoral, que forma parte del templo más importante del país, es una de las respuestas del chavismo más radical contra la llamada rebelión de las sotanas.

La catedral capitalina sufrió la acción vandálica de un grupo de radicales, que amparados en la madrugada arrojaron piedras y faltas de ortografía. “Exhorto a que los venezolanos vivamos en paz y apartemos para siempre el odio y la intolerancia”, clamó monseñor Adán Ramírez, quien resumió las consecuencias del ataque violento: “Sólo quedaron algunos escombros, vidrios rotos, el temor natural y la angustia del momento”.

La Iglesia católica venezolana ha dado un paso adelante en la lucha opositora contra Nicolás Maduro, en paralelo a la participación del Vaticano como eje fundamental en la Mesa del Diálogo, ahora en estado vegetativo. La posición de la Conferencia Episcopal (CEV), fijada a través de la pastoral “Jesucristo, luz y camino para Venezuela”, no deja lugar a la duda ni a la equidistancia que sí mantiene la Santa Sede en su posición de facilitador de las negociaciones.

Los obispos venezolanos no sólo airearon la “gran oscuridad que cubre nuestro país”, también denunciaron el desconocimiento de la autonomía de los poderes públicos y las dificultades para la libre manifestación de la ciudadanía, exclusiva de “regímenes totalitarios”.

Precisamente hoy lunes la oposición volverá a las calles de todo el país para reclamar las elecciones suspendidas por el chavismo: por una parte, las regionales para elegir gobernador (se debieron celebrar en diciembre y todavía no tienen fecha) y el referéndum para revocar a Maduro, congelado de forma ilegal, que la Unidad Democrática pretende sustituir ahora por elecciones presidenciales adelantadas.

La catedral caraqueña no es la única víctima, de momento, de la rebelión clerical.

Monseñor Alonso López Castillo, obispo de Barquisimeto, fue hostigado esta semana tras afirmar durante una de sus prédicas que la revolución es un “proyecto político-ideológico contrario a la Constitución y moralmente inaceptable”.

Un mensaje político recibido no sólo con insultos y amenazas posteriores. “No acepta la revolución bolivariana pero sí la pedofilia. Yo sé por qué lo digo”, clamó Diosdado Cabello, líder militar de la revolución, en su programa de televisión, “Con el mazo dando”.

“La Iglesia es una institución seria y no puede prestarse a ser un muñeco que esté ahí con la boca tapada”, resumió monseñor Diego Padrón, presidente de la CEV, que ha criticado los no-resultados del diálogo, aunque mantiene que hay que perseverar en el empeño.

Lo mismo sostiene el Vaticano, pese a las dos advertencias dirigidas a Nicolás Maduro por el incumplimiento de los acuerdos alcanzados en las reuniones entre chavismo, Unidad Democrática, Vaticano y los ex presidentes hispanoamericanos José Luis Rodríguez Zapatero, Leonel Fernández (República Dominicana), Martín Torrijos (Panamá) y Ernesto Samper (Colombia), quien encabeza la delegación de la Unión Suramericana de Naciones (Unasur), pese a haber acabado su mandato al frente de la organización panamericana.

La carta crítica contra Maduro firmada por Pietro Parolin, secretario de estado del Vaticano, y la “renuncia” del enviado papal Claudio María Celli a viajar a Caracas condicionan los intentos actuales para retomar el diálogo. Los facilitadores han presentado un documento de 21 puntos que en estos momentos estudian el Gobierno y la oposición.

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