Historias que inspiran: fue indocumentada y ahora puede ser electa a la asamblea de Nueva York

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"Fui indocumentada hasta alrededor de 2005 cuando obtuve mi residencia permanente". Crédito: Olivia Liendo Univision
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Catalina Cruz es parte de la oleada de candidatas que por primera vez aspiran a un cargo público en estas elecciones. Cuando Trump anunció que eliminaría DACA, decidió que quería hacer más por su comunidad.

Abajo de su escritorio esconde un par de zapatos de goma. Solo antes de las primarias, que ganó en septiembre por el Partido Demócrata, tocó en más de 30,000 hogares. “No puedo simplemente sentarme y esperar que la gente reconozca mi nombre”, señala.

Cruz nació en Colombia y llegó a Estados Unidos con su madre en 1992, cuando tenía 9 años. Este 7 de noviembre, hace el cálculo, se cumplen exactamente 26 años de aquel viaje por avión que hicieron con una visa de turismo que dejaron expirar.

Vinieron escapando de la pobreza y de la violencia que las rodeaba en Medellín. A manera de ejemplo, narra que en una oportunidad frente a la ventana de su casa, le dispararon a un hombre que iba en moto con una niña pequeña. Recuerda con detalle cómo su mamá, que en aquella época era enfermera, limpió la sangre que había salpicado a la pequeña. También que un sicario asesinó a uno de sus tíos en un restaurante.

En Nueva York fueron muy pobres. Su mamá hizo toda clase de trabajos para mantenerla a ella y a los tres hijos que tuvo después. Repartió volantes de restaurantes por 40 dólares al día en la esquina de la 82 y la avenida Roosevelt, fue empleada doméstica en hoteles, limpió oficinas en bancos y vendió tamales y empanadas. Ella misma trabajó desde los 14 años como cajera de supermercado, en un consultorio dental, como empleada en una recepción, y en Taco Bell.

Cruz fue indocumentada durante 13 años. Nunca tuvo el permiso de DACA, “pero habría calificado” como ‘dreamer’, señala, porque “nuestros padres nos trajeron aquí cuando éramos niños y este país se ha convertido en nuestro hogar”.

En Queens, una comunidad donde casi la mitad de los habitantes son inmigrantes, se sintió como en casa. “Creo que nuestra comunidad es un lugar donde las personas son bienvenidas, amadas, comprendidas. Eso es lo que hace de esta comunidad un lugar hermoso para vivir. No todos somos iguales”, dice.

Cuando se casó, pudo regularizar su situación y obtener la residencia permanente en 2005. “Pasé del modo de supervivencia al modo de éxito. Durante mucho tiempo mi vida se trató de asegurarme de que yo, mis hermanas y mi mamá comiéramos. Que tuviéramos un techo sobre nuestras cabezas y que no nos enviaran de vuelta o nos separaran. De ahí en adelante pude esforzarme por hacer algo y me convertí en abogada. Antes ni siquiera se me ocurrió que podría tener una carrera”, comenta.

Estudió en John Jay College of Criminal Justice y en la escuela de leyes de CUNY. Trabajó para el consejo de la ciudad, la oficina del gobernador y en servicios legales donde ayudó a redactar leyes para mantener a ICE fuera de la isla penitenciaria de Rikers, acabar con notarios fraudulentos, dar servicios legales para menores que llegan solos al país y prevenir la explotación de trabajadores.

Si gana este martes, menciona, quisiera abogar por los derechos de los inquilinos y por impulsar reformas al servicio de trenes. “No solo están sucios, sino que tampoco funcionan. Muchas personas que son trabajadores por hora dependen de los trenes y nunca parecen llegar a tiempo a ninguna parte”.

También quisiera cambiar la relación que tiene su comunidad con el gobierno y los funcionarios electos. “Nuestros latinos piensan ‘Solo vienes aquí durante la elección y luego te olvidas de mí’. Quiero realizar iniciativas que continúen generando confianza”.

Este martes se enfrenta a Ari Espinal (en funciones) y a Yonel Letellier Sosa. Si gana, Cruz será la primera ‘dreamer’ en Nueva York en conseguir ese asiento estatal y la tercera en el país después de Wendy Carrillo, en California, y Ruben Kihuen, en Nevada.

“Llevaba mucho tiempo trabajando en el gobierno estatal y siempre sentí que necesitaba hacer más. Se trata de un momento en que toda nuestra forma de vida y nuestra humanidad están en juego porque tenemos un presidente y funcionarios electos, que nos ven, ya sea a las mujeres, personas LGBT, trabajadores sindicales o inmigrantes, como menos merecedores de derechos que ellos“, explica.

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