Sanciones e insinuaciones de golpe desde EEUU erosionan el control de Maduro sobre militares

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Cortesía AF- Getty Images
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Los agentes de inteligencia militar llegaron a la sede del Batallón Ayala, ubicado en el estratégico Fuerte Tiuna de Caracas, y se encontraron con que los vehículos blindados de fabricación rusa, BTR, estaban listos para la acción; cargados con municiones, en violación del reglamento. El comandante del batallón fue arrestado y ahora enfrenta cargos de traición junto con otros cinco tenientes coroneles.

Esa misma tarde del viernes 2 de marzo, el ministro de la Defensa, Vladimir Padrino López, se presentó apresuradamente en la Academia Militar, ubicada en el mismo fuerte, y ordenó que se les diera permiso para salir de inmediato al mayor número de cadetes posible, en esencia vaciando la instalación. La extraordinaria acción obedeció a temores de que había una insurrección en ciernes, dijeron fuentes militares a el Nuevo Herald.

Dos días antes, el gobernante Nicolás Maduro había ordenado la expulsión de 24 oficiales, incluyendo algunos que fueron cercanos colabores del fallecido presidente Hugo Chávez, mientras que contemplaba quitarles los pasaportes a cientos de integrantes de la Policía Nacional Bolivariana, para tratar de contener así la masiva deserción de agentes afectando al organismo. Ambas medidas incrementaron aún más el ya extenso descontento en los cuarteles.

Estas son solo las más recientes señales que apuntan a que Maduro está perdiendo la lealtad de las fuerzas armadas, en medio de un colapso económico que está llevando a los soldados a pasar hambre y la posibilidad de sanciones económicas y de eventuales juicios por violaciones a los derechos humanos que enfrentan sus coroneles, generales y almirantes.

Las señales emitidas recientemente por Washington, en el sentido de que vería con buenos ojos un golpe militar para poner fin a un régimen autoritario vinculado al narcotráfico, también están incrementando la incertidumbre que estremece al estamento militar.

LAS SANCIONES

Pero las sanciones son el factor que ejerce el mayor impacto sobre la lealtad militar, opinó desde Caracas Rocío San Miguel, abogada y presidente de la ONG Control Ciudadano.

“Las sanciones están haciendo mella en la incertidumbre, en el desasosiego que se plantea esta gente, afectando incluso al generalato y al almirantazgo. ¿Hasta donde es capaz esta gente de mantenerse sumisa y leal a la revolución cuando las sanciones podrían incrementarse aún más en un corto plazo?”, preguntó San Miguel, una de las más respetadas autoridades sobre el sector militar venezolano.

El gobierno estadounidense, reaccionando ante el sistemático desmantelamiento de la democracia emprendido por Maduro y crecientes denuncias de violaciones de los derechos humanos, viene aplicando desde hace varios meses sanciones económicas individuales contra hombres claves del chavismo.

Las sanciones, que han comenzado a ser imitadas por Canadá y Europa, congelan las cuentas en el exterior de los sancionados y cancelan sus visas para viajar a los países que las han adoptado.

Pero la función de ente represor que deben jugar para mantener al régimen de pie, podría acarrear consecuencias aún peores para los oficiales, dado a que denuncias de violaciones a los derechos humanos ya comenzaron a llegar a las cortes internacionales.

“Se produjo recientemente un evento muy impactante que poco se ha analizado. Se trata del pronunciamiento de la Fiscal de la Corte Penal internacional, diciendo que aún cuando en este momento no hay caso abierto contra ningún venezolano, la fiscal ya procedió a evaluar la situación en Venezuela y de Filipinas”, alertó San Miguel.

“Eso pone en jaque a los mandos militares venezolanos. No es un jaque mate, pero es un jaque que ellos entienden perfectamente bien, debido al alcance que podría llegar a tener, debido a lo que significa la jurisdicción internacional penal y debido a la apertura de casos en contra de ellos”, señaló.

EL MENSAJE DE WASHINGTON

Adicionalmente, el ambiente está siendo enrarecido por los mensajes enviados desde Washington.

En un reciente pronunciamiento, el entonces secretario de Estado, Rex Tillerson, dijo creer que pronto se producirá un cambio de régimen en Venezuela, para luego agregar que esos cambios tradicionalmente han sido ejecutados por las fuerzas armadas.

El senador por Florida, Marco Rubio, uno de los actores que ejerce más influencia en la política de Washington sobre Venezuela, es mucho más directo.

“El mundo apoyaría a las fuerzas armadas en #Venezuela si deciden proteger al pueblo y restaurar la democracia removiendo al dictador”, dijo Rubio a través de su cuenta de Twitter.

“Siempre es noble conspirar contra la tiranía”, agregó en otro mensaje que citaba a Simón Bolívar.

Mensajes como esos están teniendo impacto entre los militares, particularmente entre aquellos que podrían estar pensando que ya está llegando la hora de un cambio en Venezuela, dijo De La Cruz.

“Estos mensajes están permeando entre los militares. Y éstos combinados con la crisis, están incitando los militares a actuar y están y erosionando el control de Maduro sobre las fuerzas armadas”, señaló De La Cruz.

La sensación de que algo se está gestando internamente, obviamente deja un mal sabor entre el máximo liderazgo bolivariano.

El régimen ha hecho una gran labor en materia de contrainteligencia militar, y la oficialidad por lo general está muy bien vigilada. Pero uno de los grandes problemas es la percepción de que el descontento y el repudio contra el régimen ya es un fenómeno ya se ha tornado generalizado.

En un intento por enviar un fuerte mensaje de que no tolerará traiciones, fue que Maduro decidió a finales de febrero emitir un decreto expulsando de la Fuerza Armadas a 24 militares, incluyendo a los ex ministros del régimen Raúl Baduel, quien se encuentra arrestado, y Herbert García Plaza, quien vive exiliado en Washington.

El régimen también continúa arrestando militares y policías bajo cargos de traición a la patria, fenómeno que se ha incrementado en los últimos meses y que ya ha elevado a más de un centenar los integrantes de la Fuerza Armada que se encuentran encarcelados.

Pero las últimas medidas tomadas más bien están generando un efecto opuesto al buscado, opinó García Plaza.

“Están disparando a lo loco. Y al disparar a lo loco, aumentan el malestar interno. Está improvisando acciones, deteniendo oficiales sin formaciones concretas”, dijo García Plaza.

“El barco militar está haciendo agua. Y lo que es más preocupante para el gobierno es que el descontento ya es compartido a nivel de teniente coronel, y ese es un renglón que maneja tropa y por ello es muy difícil de reemplazar”, resaltó.

Con información de El Nuevo Herald

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