Por Francisco Fernández Galán
Día 1 – 9 de junio de 2016
Desde Carcassonne, una preciosa ciudad medieval, perfectamente conservada y a media distancia entre Barcelona y Toulouse, hacia donde me dirijo a ver el próximo día 13 de junio el primer partido de España frente a Chequia.
No tengo demasiadas esperanzas en el equipo sin embargo, creo que puede ganar cualquiera y con un poco de suerte nos llevamos la tercera copa consecutiva (¡Qué optimismo el mio!).
Aún hay entradas disponibles y hoteles en todas las ciudades, lo que quiere decir que poca gente vendrá de afuera. Sin duda alguna la amenaza terrorista ha perjudicado notablemente a la Eurocopa y las tarifas de los tickets normales, obtuve entradas sin problemas tanto para las semifinales como para la final. Por supuesto,veré los tres primeros partidos del grupo de España en Toulouse.
NIZA Y BURDEOS
Después veré las dos semifinales, una en Lyon y otra en Marsella para luego el 10 de julio ver la final de la Eurocopa 2016 en Paris.
Prometo que en el futuro mis reportes no serán tan largos como este pero hoy tengo que contarles sobre los tres días pasados en Barcelona y sobre mis experiencias gastronómicas  durante esos tres días.

Mi primera impresión fue que desde la ventana del Hotel se veía el Puerto de Barcelona, varios barcos de crucero y cola de barcos en la costa para descargar en el puerto, hicieron que vinieran recuerdos de la Guaira en las mejores épocas del chavísmo con decenas de barcos en el puerto para descargar lo que se compraban las empresas de maletín con los dólares de CADIVI. (Les daban diez e importaban uno). Pero aún así esas colas eran impresionantes.
La última vez que estuve en Caracas en Febrero de este año, cuando salía de Maiquetia en avión sobrevolamos la Guaira y ni el puerto ni esperando afuera había un solo barco.
 
La economía de puertos a la que nos condujeron 17 años de Chavismo, nos llevaron a esa terrible escaséz que sufre hoy día Venezuela.
En cuanto a Barcelona, turistas por todos lados y sorprendentemente pese a que el turismo le aporta a la ciudad, cada vez cala más el discurso chavista de la alcaldesa de Barcelona, de que mejor reducir el número de turistas, controlarlo, que sólo vengan turistas ricos y pare usted de contar y como consecuencia han congelado el otorgamiento de permisos para nuevos hoteles. Situación que espero se revierta.
En cuanto a visitas, no puedo evitar ir al divertidísimo mercado de la Boqueria, con su bullicioso colorido.
 

Uno de los puesto del mercado Boqueria.

Uno de los puesto del mercado de la Boqueria.


También estuve de visita en el Museo de la Historia Catalana, la verdad tenía mucho interés en conocer la historia desde la visión de los independentistas. El recorrido por el museo comienza por la pre historia en que los hombres vivían en cuevas y eran independientes una tribu de las otras.
Creo que fue la única época en que fueron independientes. Porque de resto imposible disfrazar la historia con cuentos de camino, aunque nada que permita confirmar la antigua independencia Catalana basada en revueltas de los campesinos contra sus propios señores feudales (también catalanes) o en su participación en las diferentes guerras civiles españolas en uno u otro bando.
Pude notar un poco de hartazgo en la gente sobre el tema. Ahora bien, en mis aventuras gastronómicas, exitos y fracasos como casi siempre.
Los éxitos, en primer lugar y sin ninguna duda el nuevo experimento de los hermanos Adrià junto con otros asociados Ticket y El Dolce (Dos en uno). Preciosos y divertidos con todos los platos del menú magníficos. Nada que objetar a ninguno, el postre en lo que ellos llaman El Dolce, un apartado del propio restaurante con una decoración que llama al placer con solo verla. ¡Simplemente magnífico!
Techo del restaurante El Dolce

Techo del restaurante El Dolce


 
Hoja Santa, también de el grupo Adrià y bajo la conducción del magnifico chef mexicano, Paco Méndez, otra singular experiencia que me reconcilió con el mole poblano (el famoso plato poblano salado y picante basado en chocolate).
Nunca me había gustado hasta ahora, lo demás le encanto todo a mi esposa (mucho coco, maíz) a mi todo me pareció impecable, pero confieso no son mis sabores preferidos. En este lugar, los platos verdaderas obras de arte en cuanto a presentación. 
El tercer restaurante de ellos que visite fue un pequeño y muy agradable lugar para tapas, llamado Bodega 1900, bien pero de verdad después de comer tapas en la calle el Laurel de Logroño o en la zona vieja de San Sebastián; aunque esta bien nada que destacar especialmente salvo unas aceitunas de mentira pero maravillosas. Después de esto, nada que destacar.
La cervecería catalana, pésimo y lentísimo servicio y tampoco nada destacable, antes me gustaba, ahora se ha vuelto un lugar solo para turistas a los que les gusta cualquier tapa.
Las siete puertas, el hombre es el único que tropieza varias veces con la misma piedra, queríamos una paella y a donde ir, pues al más famoso y como siempre (es mi tercer intento), pues una «paellita» sin gracia. 
Dejo para el final el más grande fracaso del tour gastronómico por Barcelona, el famoso Abac del popular chef Jordi Cruz. ¡Qué desastre! El lugar igual que siempre, muy elegante y de magnifica decoración, el sommelier nos sirvió uno de los mejores maridajes de vino y comida que yo recuerde. 
Jardines del Abac

Jardines del Abac


Día 2 – 10 de junio Toulouse 
Nada que decir aún de la ciudad, acabamos de llegar, bonita la Plaza de el Capitolio (la principal de la ciudad) y en cuanto al hotel Crow Plaza, ubicado en esta misma plaza lo que lo hacen muy conveniente cerca de todo.
En cuanto a Carcassone, vale la pena un caprichito y quedarse en el Hotel de la Cité, dentro de la ciudad amurallada, a pie del castillo y con preciosos jardines, magnificas habitaciones con una vista increíble, por si fuera poco su restaurante la Barbacan (una estrella Michelin), tiene una excelente comida francesa tradicional, después de tres días en Barcelona, comiendo comida de esa modernísima, no caía nada mal el cambio.
Hotel de la Cité

Hotel de la Cité


Les cuento que el viaje por tierra a Toulouse, es súper agradable, le pusimos al GPS que evitara las autopistas (cosa que siempre hago para ver más del trayecto y los pueblos intermedios) y nos mandó por la campiña francesa, simplemente preciosa y si hay algo que resaltar es que ni un solo metro cuadrado de terreno está sin cultivar.
 

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