AP.- La situación de los venezolanos es realmente precaria y desde hace un buen tiempo se da a conocer en medios de comunicación internacionales. Tal es el caso de Tebie González y Ramiro Ramírez cuya historia fue narrada por la agencia de noticias Associated Press (AP) y la cual compartimos con ustedes.
Tebie y Ramiro es una pareja venezolana que con mucho esfuerzo conservan su lindo apartamento, la puerta del refrigerador cubierto con imanes que recuerdan sus vacaciones por el mundo y sus armarios llenos de ropa de grandes marcas.

AP Photo: Tebie Gonzpallez sostiene un fajo de billetes venezolanos mientras ella y su esposo Ramiro Ramírez cambian lo que resta de sus ahorros por plata colombiana antes de comprar alimentos en Cúcuta, Colombia, 17 de julio de 2016. (AP Foto/Ariana Cubillos)

© The Associated Press Tebie Gonzpallez sostiene un fajo de billetes venezolanos mientras ella y su esposo Ramiro Ramírez cambian lo que resta de sus ahorros por plata colombiana antes de comprar alimentos en Cúcuta, Colombia, 17 de julio de…


Pero ahora empiezan a sentir hambre.
AP Photo: Venezolanos cruzan el puente Simón Bolívar de San Antonio del Táchira, Venezuela, a Cúcuta, Colombia, 17 de julio de 2016. Más de 100.000 venezolanos cruzaron lo que los colombianos llaman el "corredor humanitario" para adquirir bienes de primera necesidad que escasean en su país. (AP Foto/Ariana Cubillos)

© The Associated Press Venezolanos cruzan el puente Simón Bolívar de San Antonio del Táchira, Venezuela, a Cúcuta, Colombia, 17 de julio de 2016. Más de 100.000 venezolanos cruzaron lo que los colombianos llaman el «corredor…


Cuando el gobierno venezolano abrió la frontera con Colombia el fin de semana, la pareja decidió gastar lo que les quedaba de sus ahorros, que acumularon antes de que el país cayera en una severa crisis económica, y se lanzaron a comprar comida. Dejaron a sus dos hijos en casas de familiares y se sumaron a los 100.000 venezolanos que cruzaron al país vecino en lo que las autoridades colombianas bautizaron como un «corredor humanitario», y así poder comprar la mayor cantidad posible de artículos de primera necesidad.
AP Photo: Una mujer venezolana llora al cruzar el puente Simón Bolívar de San Antonio del Táchira, Venezuela, a Cúcuta, Colombia, 17 de julio de 2016, durante una apertura temporaria de la frontera. Más de 100.000 venezolanos cruzaron el puente para adquirir bienes de primera necesidad que escasean en su país. (AP Foto/Ariana Cubillos)

© The Associated Press Una mujer venezolana llora al cruzar el puente Simón Bolívar de San Antonio del Táchira, Venezuela, a Cúcuta, Colombia, 17 de julio de 2016, durante una apertura temporaria de la frontera. Más de 100.000 venezolanos…


«Es dinero que habíamos ahorrado en caso de una emergencia, y esto es una emergencia», dijo Ramírez. «Da miedo, pero cada día es más difícil conseguir alimentos. Tenemos que ir preparándonos».
AP Photo: La venezolana Tebie González pesa arroz en un supermercado de Cúcuta, Colombia, donde fue a comprar alimentos, 17 de julio de 2016. "Me sentí humillada como si fuera un animal, un refugiado", dijo. (AP Foto/Ariana Cubillos)

© The Associated Press La venezolana Tebie González pesa arroz en un supermercado de Cúcuta, Colombia, donde fue a comprar alimentos, 17 de julio de 2016. «Me sentí humillada como si fuera un animal, un refugiado», dijo. (AP Foto/Ariana…


González, de 36 años, tiene un ingreso que supera varias veces el salario mínimo como gerente de ventas de una cadena de mueblerías en San Cristóbal, al occidente de Venezuela. Pero sus ingresos no pueden con una inflación de 700%. El negocio de refacciones para autos de Ramírez quebró después que el presidente Nicolás Maduro cerrara la frontera con Colombia el año pasado — el motivo alegado fue un contrabando desenfrenado– y así cerró, de paso, la mejor vía regional para el ingreso al país de bienes importados.
AP Photo: Tebie González camina tomada de la mano de su marido, Ramiro Ramírez en Cúcuta, Colombia, después de que cruzaran la frontera desde San Antonio, Venezuela, el domingo 17 de julio de 2016. Cuando el gobierno venezolano anunció la apertura de la frontera con Colombia este fin de semana, la pareja decidió gastar lo que quedaba de sus ahorros después de que el país se hundiera en una crisis económica para aprovisionarse de comida. Dejaron a sus dos hijos con familiares. (AP Foto/Ariana Cubillos)

© The Associated Press Tebie González camina tomada de la mano de su marido, Ramiro Ramírez en Cúcuta, Colombia, después de que cruzaran la frontera desde San Antonio, Venezuela, el domingo 17 de julio de 2016. Cuando el gobierno v…


Este año, la pareja dejó de ir a restaurantes, descartó el plan de comprar una segunda vivienda y puso en venta uno de sus dos autos. En los supermercados no hay azúcar para el café, mantequilla para el pan ni leche para su bebé de un año.
AP Photo: Venezolanos cruzan el puente Simón Bolívar que une a San Antonio del Táchira, en Venezuela, con Cúcuta, en Colombia, el domingo 17 de julio de 2016, luego de que el gobierno venezolano abriera tempralmente la frontera con Colombia. Más de 100,000 venezolanos cruzaron al país andino en los que funcionarios colombianos bautizaron como un "corredor humanitario" para que la gente se pudiera aprovisionar de bienes de primera necesidad. (AP Foto/Ariana Cubillos)

© The Associated Press Venezolanos cruzan el puente Simón Bolívar que une a San Antonio del Táchira, en Venezuela, con Cúcuta, en Colombia, el domingo 17 de julio de 2016, luego de que el gobierno venezolano abriera tempralmente la frontera…


Cuando Ramírez, de 37 años, fue a buscar algo para comer el viernes por la noche, el refrigerador estaba vacío.
AP Photo: Tebie González y su esposo Ramiro Ramirez revisan si su teléfono celular funciona en el lado colombiano de la frontera, en Cúcuta, luego de que cruzaran desde San Antonio del Táchira, en Venezuela, el domingo 17 de julio de 2016, para gastar lo que quedaba de sus ahorros y comprar bienes básicos luego de que el gobierno venezolano decidiera abrir la frontera con Colombia. La pareja dejó de ir a restaurantes éste año, olvidó sus planes de comprar una segunda casa y decidieron vender su segundo automóvil. (AP Foto/Ariana Cubillos)

© The Associated Press Tebie González y su esposo Ramiro Ramirez revisan si su teléfono celular funciona en el lado colombiano de la frontera, en Cúcuta, luego de que cruzaran desde San Antonio del Táchira, en Venezuela, el domingo 17 de…


Por eso, el domingo la pareja se vistió sus mejores galas y ocultó gruesos fajos de billetes en sus bolsos. Antes de partir hacia la frontera, hizo un inventario en la cocina que acababan de renovar: quedaba un poco de aceite vegetal en el fondo de una jarra de plástico, un paquete de harina y sobras de arroz cocido. No había café.
AP Photo: Venezolanos cruzan el puente Simón Bolívar desde San Antonio del Táchira, Venezuela, hacía Cúcuta, Colombia, el domingo 17 de julio de 2016, durante una apertura temporal de la frontera entre ambos países. Más de 100,000 venezolanos cruzaron al vecino país en lo que autoridades colombianas bautizaran como un "corredor humanitario" para que los venezolanos pudieran comprar bienes básicos. (AP Foto/Ariana Cubillos)

© The Associated Press Venezolanos cruzan el puente Simón Bolívar desde San Antonio del Táchira, Venezuela, hacía Cúcuta, Colombia, el domingo 17 de julio de 2016, durante una apertura temporal de la frontera entre ambos países. Más de 100,000…


Entonces partieron en un Jeep SUV, modelo 2011, por carreteras oscuras bordeadas por laderas en las cuales las luces de barrios pobres brillaban como estrellas en la noche azulada.
AP Photo: Tebie González posa para un retrato junto con su marido Ramiro Ramírez y su hijo de dos años Sebastián con la comida y los bienes básicos que compraron en la víspera en Colombia, en su casa de San Cristóbal del Táchira, Venezuela, el lunes 18 de julio de 2016. Cuando el gobierno venezolano anunció la apertura de la frontera este fin de semana, y que fue cerrada hace tiempo, la pareja decidió gastar lo que quedaba de sus ahorros en comprar bienes básicos desde que el país se hundIera en una crisis económica. (AP Foto/Ariana Cubillos)

© The Associated Press Tebie González posa para un retrato junto con su marido Ramiro Ramírez y su hijo de dos años Sebastián con la comida y los bienes básicos que compraron en la víspera en Colombia, en su casa de San Cristóbal del…


En el retén fronterizo, soldados de rostro adusto provistos de armas automáticas patrullaban una cola de más de doce cuadras. Se preguntaron si no convenía devolverse. Pero entonces se escucharon gritos de que los funcionarios de inmigración habían abierto el paso, y la cola se volvió una estampida.
González y Ramírez corrieron con otras miles de personas hacia un puente de apenas lo suficientemente ancho para que pasaran dos autos. A los pocos minutos estaba tan atestado como un vagón del metro en la hora pico. Algunas personas cargaban bebés, otras llevaban perros al dirigirse a una nueva vida en Colombia. La mayoría llevaba maletas y mochilas para cargar alimentos.
La pareja se tomó de las manos para evitar separarse en la multitud. Pasaron dos horas. La gente cantaba el himno nacional venezolano. A González le dolían los pies en sus zapatos Tommy Hilfiger, de tacón de cuña y apenas llegaban a la mitad del puente. Los que no soportaban la claustrofobia y el calor intentaban regresar del puente para cruzar a nado, pero los soldados no lo permitían.
Finalmente aparecieron las banderas colombianas y el puente desembocó en una ruta flanqueada por funcionarios que los recibían con saludos, aplausos e incluso trozos de pastel.
Nadie verificaba los documentos de identidad. Más allá de la entrada se escuchaba música y los kioscos vendían productos con los que todos los venezolanos sueñan: arroz, dentífrico, detergente, azúcar.
González ocultaba sus lágrimas detrás de sus enormes gafas para sol.
–«Pensé que iba ser más fácil», dijo. «Fue humillante, como si fuéramos animales, refugiados».
–«Pero mira la diferencia de este lado», dijo su esposo. «Es como Disneylandia».
No sólo había alimentos de todo tipo sino que todo era mucho más barato que en el mercado negro venezolano, que se ha convertido en la única alternativa para los que no pueden pasar horas en las larguísimas colas para conseguir bienes que escasean, y que se ha convertido en la característica más visible de la crisis económica del país petrolero.
Cambiaron los bolívares que tenían en pesos colombianos en un centro comercial, donde González se deleitó en el lujo de gozar de aire acondicionado mientras curioseaba en las vitrinas de los almacenes de relojes y carteras.
Mientras seguía mirando entre vitrina y vitrina, una flash noticioso apareció en el televisor de la tienda: se trataba de una imagen aérea sobre el puente que acababa de cruzar, repleto de gente. «Crisis humanitaria», se leía en el titular de la noticia.
«Ay, no», murmuró González.
Otros compradores estaban indignados.
«Esto no es Venezuela. No, eso no es nosotros», dijo una mujer que estaba mirando unas zapatillas.
González se dio la bendición y se fue. Ya era tiempo de irse de compras y volver a casa.
La variedad de productos en el supermercado del centro comercial parecía irreal luego de meses de rebuscar en los anaqueles semivacíos de las tiendas.
La pareja debatió sobre cuál sería la mejor crema dental para bebés. González examinó siete marcas distintas de champú y estudió con cuidado cada una de las ocho variedades de pasta.
Aunque los productos eran más baratos en Venezuela, los precios eran más altos de lo que esperaban.
Decidieron no comprar ni azúcar ni harina y compraron diez paquetes de pasta. Se decidieron por comprar aceite de soya, en vez del aceite de canola, que es más costoso. Chequearon y re-chequearon cada precio. A la pareja le tomó tres horas debatir cómo iban a invertir su dinero del fondo de emergencia.
«Es más costoso que lo que esperábamos, pero lo importante es que había» lo que necesitábamos, dijo Ramírez.
Otros venezolanos en el supermercado, maestros, pequeños empresarios, oficinistas, estudiaron con cuidado los precios y difícilmente los ponían de vuelta en los anaqueles.
Al final, la pareja compró comida suficiente para llenar dos maletas y una bolsa de lona, luego se perdieron en la marea de compradores exhaustos que volvían a Venezuela.
Soldados colombianos les dieron la mano a los venezolanos que regresaban a su país. Pero esa amabilidad no tuvo el efecto balsámico que tuvo cuando entraron al país.
La odisea podría no repetirse en el corto plazo.
El lunes, la canciller colombiana María Ángela Holguín dijo que Venezuela y Colombia acordaron trabajar para lograr una apertura definitiva de la frontera y, en consecuencia, «el próximo fin de semana no habrá paso como este fin de semana y el anterior».
En casa, Ramírez y González aprovisionaron sus gabinetes blancos y relucientes. Todavía se veía medio vacío.

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