Alexis Ortiz

Comentario editorial para

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Lunes 11 de julio de 2021

          Como Juan Peña, el personaje del cuento “El diente roto” de Pedro Emilio Coll, la almirante “en jefe” Carmen Meléndez, ha recibido cargos y reconocimientos, precisamente porque nunca se ocupó de pensar.

          Esta señora es tan descarada que ante la derrota de la delincuencia política castrochavista, frente a la delincuencia común que azota los barrios y que ellos (la narcodictadura) siempre apoyó y armó, dice que la culpa la tiene “la derecha”.

          No se da cuenta la burócrata uniformada que el modelo de gobierno que ella representa, “fracasó como garante de la seguridad”,  según opinión de la Iglesia católica que, al contrario de la Meléndez,  si usa la inteligencia a la hora de opinar.

          Por la entrega silenciosa y total a su paisano barinés, el comediante eterno Hugo Chávez, la señora Meléndez ha recibido el regalo de cargos a granel:

          Ministra de las oficinas de Chávez y Maduro, ascensos militares sin más mérito que la sumisión a sus mandamases, miembro de la Asamblea Nacional y de la Constituyente chimba, viceministra de Educación y “protectora” y gobernadora de Lara, ministra del Interior…

En todas esas funciones su gestión ha sido mediocre, anodina, pero eso sí, ha funcionado como un comodín para los desmanes represivos y la corrupción de sus amos. Lo de ella es la simulación y la boca cerrada, el dejar hacer.

En su adicción a la burocracia, ahora, en medio de la disputa entre Diosdado y Maduro, la insaciable Meléndez quiere ser alcaldesa de Caracas. Una ciudad con la que, al igual que Barquisimeto, no tiene nada que ver.

Nosotros decimos como Discepolín: “Qué falta de respeto, qué atropello a la razón”.