Alexis Ortíz

Me cuesta trabajo ocultar mi alegría. El partido comunista español con antifaz democrático, PODEMOS, acaba de vivir un merecido descalabro en las recientes elecciones de la Madre Patria.

Al igual que el crimen: ¡el engaño no paga!
PODEMOS y sus líderes Pablo Iglesias y Juan Carlos Monedero, han sido amamantados por la dictadura castrochavista. Han sido colaboradores del saqueo que condujo a la espantosa tragedia que padece hoy Venezuela.
Un millón de votos y 75 diputados menos, barrido en los ayuntamientos y en las principales ciudades (Madrid, Valencia, Burgos y Barcelona entre otras), son el balance del neocomunismo de PODEMOS en estos comicios. Un clamoroso triunfo para la Democracia española con mayúscula.
La farsa de Pablo Iglesias, disfrazado de joven con pantalones vaqueros, coleta y lenguaje virulento, ha quedado al descubierto. Ya la gente le percibió su esquizofrenia cuando despotricaba contra los ricos, al tiempo que se compraba una mansión de 600 mil euros.
O cuando visitó al Rey Felipe alardeando de su “torpe aliño indumentario”, en blue jeans y camisa suelta, mientras para adular a la poderosa televisión, se presentó en frac en la entrega de los premios Goya. Toda una farsa.
Este sujeto creado con el dinero del castrochavismo y la complacencia del escándalo mediático, llegó a ser una seria amenaza para la democracia hispana. En verdad lo sigue siendo porque los comunistas son contumaces y descarados, pero ahora menos gracias a la inteligencia de los españoles.
Sus semejantes Manuela Carmena en Madrid y Ada Coleau en la Barcelona secesionista, también salieron maltratadas. La gente sensata que cayó en la trampa del gelatinoso Iglesias, está tiempo para la reflexión y el alejamiento.
Mel Zelaya, el obispo Lugo, Correa, Evo Morales, Raúl Castro, Ortega, Lula y Nicolás Maduro, saben del ácido tal como Pablo Iglesias.

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