Alexis Ortiz

(Artículo publicado en el diario “elNuevo Herald” de Miami)

Cuando los peshmergas en Irak le dieron hasta en el cielo de la boca a los terroristas musulmanes (ISIS), proclamaron:
-La victoria no es de los kurdos sino de toda la humanidad.
Y es cierto, los kurdos son hoy en día la avanzada de la libertad y la tolerancia, en un oriente abatido por el fanatismo religioso y la veneración de la guerra.
Por eso nos abochorna que Europa y Estados Unidos le hayan dado la espalda a los kurdos, cuando son agredidos salvajemente por las tropas del gobierno tiránico y teócrata de Turquía. Apenas Israel, con su experiencia de persecuciones históricas, ha defendido con fuerza en la ONU y otros escenarios (y la ha dado auxilio médico) a ese pueblo kurdo, maltratrado desde siempre por sus vecinos y, como los judíos, siempre negado a rendirse.
Desde hace 25 siglos (612 antes de Cristo), los kurdos tienen registro de su existencia. Son entre 30 y 40 millones de almas, desparramadas por Irak, Irán, Turquía, Siria, Armenia, Azerbaiyán… Lucen una cultura y lengua propias (aunque suelen ser bilingues por la necesidad de sobrevivencia) y constituyen una minoría étnica sin territorio propio, pero con inalienable derecho a la independencia.
Son en su mayoría de credo islámico sunita, pero hay entre ellos también cristianos, judíos y yazidíes. Los atropellos de los ayatolás persas, de Saddam Hussein y del dictador turco Erdogán, no han logrado mitigar el espíritu de lucha ni la vocación independentista de los kurdos.
En la zona autónoma de Erbil, al norte de Irak, ellos han logrado un desarrollo democrático modelo, sin intransigencia confesional ni desconocimiento de los derechos humanos, en el marco de una economía abierta que atrae la inversión extranjera y despliega notable armonía con la naturaleza.
Abandonar a los kurdos es más un crimen que un error.

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