Alexis Ortiz / Crónicas desde Miami / Artículo publicado en «elNuevo Herald» de Miami / 15 oct. 2021…

       El imperialismo comunista chino se quiere tragar la democracia taiwanesa, como ya lo está haciendo con la de Hong Kong. El mundo y no sólo Estados Unidos, Japón y Australia, deben reaccionar ante tal atropello.

          Taiwan es un país insular soberano, ubicado  en el oceáno Pacífico, a unos 200 km de la China continental comunista. Su superficie aproximada es de 40 mil km2 y su población asciende a 25 millones de habitantes.

          El país sufrió en el pasado ocupaciones de Portugal, España, Francia, Holanda y de China y Japón en distintas ocasiones. Desde 1949 es una nación aparte de China y en la actualidad es la democracia más consistente de Asia, además de una potencia económica, en algunos renglones superior a China comunista y capaz de competir con Estados Unidos y Europa.

          Esas libertades y pluralismo político y económico que convierten a Taiwan en un exitoso modelo mundial, están hoy con descaro amenazadas por la dictadura comunista china. Ella  ha hablado hasta de usar la opción armada para absorber la isla. Incluso, en los últimos años se han producido más de 800 incursiones militares aéreas no autorizadas de China a Taiwan.

          El nuevo Mao Zedong chino, Xi Jinping, quiere intimidar a Taiwan. China con su voracidad comercial ha penetrado Africa y sostenido a dictaduras latinoaméricanas (Cuba, Bolivia, Nicaragua, Venezuela…), pero los taiwaneses, ciudadanos de un país próspero, competitivo y libre, han demostrado que no necesitan de China para asegurar su envidiable calidad de vida.

          Taiwan es hoy un refugio seguro de los perseguidos de toda Asia. Si el comunismo chino le pone la mano a esa nación, la democracia y las libertades del mundo sufrirán un golpe severo.

          La presidenta de Taiwan, Tsai Ing-wen, es una mujer sabia, valiente y confiable. Merece respaldo.

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