Por ING. ADALBERTO GABALDON* / CARACAS 12 DE OCTUBRE DE 2020

Roguemos a dios que jamás ocurran. La furia y la impotencia nos afecta porque jamás debió llegarse a la situación actual. El lago de valencia que por casi medio siglo fue reduciéndose, empezó a revertir esa tendencia a mediados de los años 70 al recibir la región agua potable proveniente del rio Pao. Inmediatamente empezaron a estudiarse todas las consecuencias que tan feliz decisión tendría.

Metodológicamente se separaron los temas: la importación de más agua, el tratamiento de las aguas servidas, el tratamiento de los residuos industriales y finalmente la estabilización del nivel del lago. El estado venezolano acordó con el banco interamericano de desarrollo un plan de financiamiento que se puso en ejecución a fines de los años 80. El Dr. Enrique Iglesias se refirió al proyecto lago de valencia como el más importante en su categoría en América Latina, modelo para otras regiones con situaciones similares. Razón para estar satisfechos el nutrido conjunto de profesionales venezolanos que lo hicieron realidad. En doce años se resolvió la incorporación del agua potable, los industriales respondieron y se materializo el tratamiento de residuos industriales y el Estado construyo los sistemas de tratamiento de las aguas residuales domésticas. Todo quedo listo para resolver el tercer componente, la estabilización del nivel del lago. Las alternativas eran muy numerosas, había que estudiarlas todas, discutirlas y tomar una decisión. El tiempo afortunadamente estaba a favor porque el ascenso del lago daba margen para implementar la solución física. Se puso en marcha al final de la democracia y ocurrió lo impensable.

El apocalipsis que se adueñó del país paralizo todo. Pero el lago imperturbable continuo su ascenso y en poco tiempo supero el nivel de estabilización y empezaron los daños. En lugar de continuar lo establecido, empezaron las flechas, las acciones sin ton ni son. En paralelo lo que funcionaba bien se desmorono. El agua potable y los sistemas de tratamiento prácticamente desmantelados. En la región empezó un sufrimiento que no termina y que hoy se ha convertido en la amenaza de un desastre potencial pues el lago se encuentra contenido por unos diques que son la pesadilla de todos.

No fue por falta de dinero que se llegó a tal situación. Mientras se abandonaba todo el sistema de agua, los ciudadanos vieron con asombro como se construía una línea ferroviaria para ir de ninguna parte a ninguna parte y además que no se iba a detener en ninguna parte. El tren desde Chaguaramas hasta Puerto Cabello pasará a la historia como el disparate más monumental de la historia de Venezuela. Con el dinero malgastado en semejante adefesio se pudo haber resuelto todo el problema que llena de angustia a millones de compatriotas. Roguemos porque esos diques estén sólidos y no tengamos que asistir a una repetición de los diques holandeses del año 53. 20 años totalmente perdidos con el agravante de que la solución ahora requiere obras de ingeniería de lenta ejecución.

*EX MINISTRO DEL AMBIENTE Y DE LOS RECURSOS NATIRALES RENOVABLES