Alexis Ortiz / Crónicas desde Miami / Publicado en «elNuevo Herald» de Miami…5 nov. 2021

Artículo publicado en «elNuevo Herald» de Miami / 5 nov. 2021 …

        Estados Unidos ha recorrido más de dos centurias de consolidación democrática. Salvo sobresaltos como la guerra de secesión y máculas como el esclavismo y episodios imperiales, hoy en día Norteamérica es la locomotora de la Democracia mundial.

          Y no se trata sólo de libertades políticas y derechos humanos, sino también de vanguardismo en economía libre, tecnología, difusión cultural, entretenimiento y productividad.

          Si algo ha garantizado la continuidad, equilibrio y gobernabilidad de la democracia de Estados Unidos, es el responsable compromiso bipartidista. La inteligente  propensión histórica de los partidos Demócrata y Republicano, a entenderse a la hora de proteger los intereses estratégicos del país.

          Temo entrometerme en la política estadounidense. Mi presidente Juan Guaidó nos ha dado la instrucción de ser cuidadosos. Mantener una prudente equidistancia entre republicanos y demócratas. Agradecer a los líderes de ambos partidos el respaldo que nos han dado para rescatar la democracia venezolana, vapuleada por el castrochavismo.

          Pero mi exilio discurre aquí, y no puedo ocultar mi inquietud por la suerte de este país generoso que me dio refugio y, sobre todo, me permite convivir con muchos paladines latinoamericanos señeros en la lucha por la libertad.

          Por eso yo, un hombre de centro derecha, humanista cristiano, me atrevo a expresar mi angustia por la peligrosa radicalización de la política norteamericana. Más de una vez he escuchado con espanto a demócratas diciendo que los republicanos son fascistas, o a estos señalando al conjunto de los demócratas como comunistas.

          En ambos partidos hay extremistas, parlamentarios delirantes y algún caudillo desaforado. Pero en lo sustantivo los dos partidos son respetables. Sus empeños institucionalistas y libertarios son, Deo gratias, indiscutibles. Hay que cuidar ese equilibrio. No alborotar el avispero.

          Si la paradigmática democracia de Estados Unidos se hunde en el pantano de los fanatismos y exageraciones, perdemos todos.

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