Por: Evencio J. González Patiño / 27/08/2020.

El tema del liderazgo entre los factores del cambio ocupa la atención de muchos analistas. Se critica no sólo la excesiva variedad de expresiones presentes en ese universo, sino la poca influencia de todos ellos sobre el electorado venezolano. Cada una de las organizaciones políticas enfrentadas al narco-régimen, está representada por lo menos en uno o dos líderes con pretensiones protagónicas de primera línea. Pudiéramos afirmar entonces, examinando sólo el listado de los dirigentes políticos presidenciables, que a la oposición lo que le sobra son candidatos. En el escalafón político estamos como en lo militar, donde tenemos generales “hasta para tirar para el techo.” Somos una sociedad de “muchos caciques y pocos indios”. La realidad es que tenemos unas fuerzas del cambio atomizadas en pequeños grupos, con sus diferencias, más de carácter personal que programáticas. Esa variedad la acabamos de constatar en el documento de rechazo al fraude electoral, el cual fue firmado por 28 partidos, sin contar a unos cuantos que no lo hicieron. Nuestro sistema político no sólo está enfermo por el desastre institucional causado por el narco-régimen, sino también por el enfermizo caudillismo reinante en los predios de quienes lo combaten. Allí pareciera prevalecer el complejo de “máximo líder” y cada quien, ha venido labrando su nido, para llegar a ser dueño y señor de su propio partido.
Tenemos un paisaje opositor muy rico en organizaciones políticas, pero muy pobre en representatividad electoral. Según reflejan las encuestas, los venezolanos que se identifican con algunos de los partidos que conforman el abanico opositor, apenas representan el diez por ciento del electorado.

Se argumenta, que esa diversidad de opiniones enriquece y le es propia a la democracia. Este planteamiento es muy cierto porque lo contrario sería autocracia, donde la autoridad recae sobre una sola persona sin límite alguno tal como sucede en el campo del oficialismo. Sin embargo, vista tanta dispersión de fuerzas, podemos decir como el refrán: “bueno es cilantro pero no tanto”. Bienvenida es la pluralidad, pero no en el grado de hacer imposible el consenso en los asuntos fundamentales del país.

Indudablemente que algunos de esos liderazgos trascienden las fronteras de sus propios partidos. Entre ellos se destaca Juan Guaidó quien es, sin la menor duda, quien conserva la mayor aceptación popular en la actualidad. Mucho se discute sobre las variaciones en el nivel de popularidad de este joven guaireño. Y los más, asocian a ese nivel de aceptación, la suerte de la causa de la libertad. Si bien Guaidó representa la opción mejor plantada en la actualidad para alcanzar el cambio, no podemos desconocer que existe un líder superior seguido con gran racionalidad, por la totalidad de los factores del cambio. Ese “gran líder” tiene la capacidad de convocar al noventa por ciento de los venezolanos a la unidad de acción a preparar una estrategia común para salir de esta tragedia. Ese gran líder es el sentimiento anti-régimen, fuertemente arraigado en nuestra población. Es el rechazo a esta pandilla de delincuentes que destrozó nuestro país, quien nos unifica a todos. En ese repudio coincidimos: blancos, verdes azules, amarillos y toda esa amplia variedad multicolor. El anhelo de libertad nos obliga a pensar primero en Venezuela, en la patria de nuestros hijos, en la tierra de nuestros descendientes. No puede existir causa parcial, por importante que pueda ser que nos desvíe de la meta suprema de librar a nuestro pueblo de tanto sufrimiento. La causa que nos convoca es vital, es rescatar la soberanía nacional, la cual hemos perdido en las mugrosas manos de quienes usurpan el gobierno. Es el momento de despojarnos de cualquier protagonismo farandulero, ya vendrán tiempos bajo banderas de libertad, cuando se podrá confrontar civilizadamente y despejar quien es quien en el corazón de los venezolanos.

Evegopa 27/08/2020.