Alexis Ortiz / Crónicas desde Miami / Especial para «elNuevo Herald» de Miami… 8 de julio 2022

        Antes que desde aquí mandáramos tomates, cacao, papas, aguacates y tabaco para el resto del orbe, y, desde allá nos llegaran los mangos, manzanas, cebollas, trigo y café; y antes de la entrada descubridora del almirante Colón en el archipiélago de las Bahamas, ya teníamos en el Nuevo Mundo al rey Netzahualcóyotl, “coyote que ayuna” en lengua nahualt.

          Tal como lo reconoció Rubén Darío en su “Salutación a Roosevelt”, Netzahualcóyotl, Señor de la ciudad estado de Texcoco, ubicada en lo que hoy llamamos  el Valle de México, fue nuestro primer gran poeta.

          Pero además fue un jefe estado brillante y compasivo, filósofo, naturalista, ingeniero, humanista erudito y hasta guerrero afortunado. Un líder portentoso e irrepetible.

          Su infancia y juventud la gastó huyendo de los tepanecas que habían ocupado Texcoco y derrrocado a su padre. Al mismo tiempo que se preparaba él y organizaba un ejército de más de 100 mil combatientes, para recuperar la ciudad.

          Cuando asumió como Huei tlatoani de Texcoco, (venerado orador, así nombraban al jefe de estado los mexicanos precolombinos), Netzahualcóyotl desplegó un actividad provechosa de legislación, desarrollo de infraestructura, atención a los macehuales (proletarios), protección de la naturaleza, educación ciudadana y mantenimiento de la paz.

          Mientras los aztecas eran militares implacables, capturaban prisioneros para los sacrificios a Huitzilopochtli, insaciable Dios de la guerra, e incluso practicaban la antropofagia ritual, en Texcoco reinaban la convivencia, el estudio, respeto a la verdad y la producción sin sacrificio del trabajador.

          Celebramos al excelso rey poeta chichimeca por vía paterna y mexica por la materna, con palabras de Ernesto Cardenal:

          “Amo el canto del

          zenzontle,

          pájaro de las 400 voces.

          Amo el color del jade,

          y el enervante

          perfume de las flores.

          Pero lo que más amo

          es a mi hermano,

          el hombre”.

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