CRONICAS DESDE MIAMI por Alexis Ortiz

Artículo publicado en el diario “elNuevo Herald” de Miami (25 set 2020).

Enerva pensar en un buen equipo de fútbol-soccer que se complaciera en hacerse autogoles. Tal ocurre con esas sociedades nuestras que se empeñan en denostar la política democrática y chapotear en el fango de la antipolítica.

          Digo esto porque fatiga ver en las redes la repetición de frases como esa de Voltaire: “La política es el camino para que hombres sin principios, puedan dirigir a los hombres sin memoria”. Del egregio enciclopedista francés yo prefiero otra: “No estoy de acuerdo con lo que dices, pero daría mi vida para que se respetara tu derecho a decirlo”.

          Y es que la política, de acuerdo a los más ilustres padres de la Iglesia, es “la expresión más alta de la caridad”. Vale decir, es la concreción del amor al prójimo, de la solidaridad social, de la voluntad de servir a los demás y no servirse de ellos.

          Claro que hay políticos prevaricadores, incapaces, demagogos, mesianicos, en fin, populistas. Pero esto no convierte a la política en algo deleznable, del mismo modo que los abogados tramposos o los médicos irresponsables, no logran arruinar el derecho o la medicina.

          Se insiste en la corrupción de los políticos, pero se suele olvidar que junto a cada corrupto del sector público hay un cómplice del sector privado. Uno recuerda una enseñanza de Sor Juana Inés de la Cruz: “Es tan culpable la que peca por la paga, que el que paga por pecar”.

          De tanto insistir en la antipolítica, llegan al gobierno “no políticos” con sus consecuencias calamitosas, verbigracia, Hitler, Musolini, Fidel y Raúl Castro, Berlusconi, Perón, Pinochet, Somoza, Videla, Nasser, Hussein, Arafat, Gadafi, Hugo chávez, los Kirchner, Rafael Correa, Mel Zelaya, Lukashenko, Evo Morales…

          Y omito otros nombres porque, como diría Lorca, “la  luz del entendimiento me hace ser muy comedido”.

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