La expectativa era alta, pero se vio defraudada a último momento. Juan Guaidó debía hablar desde dos pantallas gigantes montadas en un extremo del Salón de las Américas en la sede de la Organización de los Estados Americanos, el plato fuerte del día. Pero no pudo ser. “También hay crisis tecnológica en Venezuela”, bromeó a modo de excusa Carlos Vecchio, el embajador del gobierno interino. La falla técnica no empañó el éxito del encuentro.

David Smolansky, coordinador del Grupo de Trabajo para los Migrantes y Refugiados de la OEA, afirmó temprano que “el ingreso de la comida y medicina va a ser muy importante para la recuperación de la democracia y es algo que nos pide a gritos nuestro pueblo”. La de hoy, le dijo a Infobae, iba a ser una jornada “histórica” para Venezuela. Por fin el presidente saltaría a la platea internacional con un mensaje vía skype desde Caracas y un acto en la capital norteamericana con el que su gobierno escenificaría el amplio respaldo cosechado en la región y el mundo.

Una sala estaba repleta graficó ese respaldo. Entre 500 y 600 personas. Dirigentes políticos, diplomáticos de decenas de delegaciones, representantes de organizaciones humanitarias y de la sociedad civil, académicos, periodistas y venezolanos de a pie colmaban el gigantesco salón del primer piso del edificio de la calle 17, a pasos de la Casa Blanca.

Gustavo Marcano, integrante de la delegación diplomática venezolana, le aseguró a Infobae que “la ayuda va a seguir entrando y el pueblo venezolano seguirá beneficiandose de la solidaridad” internacional. “Vamos a tener distintos puntos de ingreso de esa ayuda”, adelantó.

Muy cerca, Mike Matera, experto en América latina del think tank CSIS, comentó que “es fundamental unir esfuerzos para llevar ayuda y presionar al régimen de Maduro para poner fin a la dictadura”. Y Vanessa Neumann, analista política venezolana, titular de la consultora Asymmetrica, evaluó que este “primer acto diplomático del nuevo gobierno aumenta la presión sobre el régimen y aumenta la presión sobre los militares, para que dejen pasar la ayuda”. Un remolino de periodistas iba y venía por el salón y el pasillo contiguo.

¿Alcanza con la presión internacional? El estiramiento de los plazos es una inquietud que muchos comparten. La duda es por ahora un rumor de pasillo. El embajador de Estados Unidos ante la OEA, Carlos Trujillo, le dijo a un grupo de periodistas que la caída del régimen “puede demorar días, semanas o meses, pero cada día que pasa el régimen se debilita más”. ¿Preocupa la falta de resultados? “Estamos haciendo todo lo posible para que Maduro se vaya”, respondió. Elliot Abrams, enviado especial de Donald Trump para Venezuela conversaba a pocos pasos. Cuando le tocó hablar reiteró el compromiso norteamericano con la recuperación de la democracia venezolana.

Sentado en las primeras filas, el embajador argentino en Washington, Fernando Oris de Roa, comentó con Infobae la “urgencia” de la crisis humanitaria y Carlos Vecchio se animó a hacer un primer balance del respaldo internacional: la Conferencia Mundial de la Crisis Humanitaria en Venezuela, sostuvo, “es una muestra de la solidaridad con nuestra lucha”. Y agregó: “Tenemos que abrir miles de ventanas para que ingrese la ayuda”.

Lester Toledo, coordinador internacional de la ayuda en el gobierno interino de Guaidó habló de un “tsunami humanitario” y arrancó aplausos entre la audiencia.

El objetivo de la conferencia era justamente sumar esfuerzos y articular los medios para llevar ayuda humanitaria a millones de venezolanos que todavía viven en condiciones dramáticas, muchos forzados a emigrar. Los expertos debían retratar las penurias causadas por el madurismo y las delegaciones aportar, las que pudieran hacerlo, una parte de los alimentos, las medicinas y el abrigo tan necesarios. A cada compromiso, un aplauso, como un bis que se repetía. Alemania, 20 millones de euros, el Reino Unido 6,5 millones de libras, Argentina una delegación de los Cascos Blancos. Y así. “Más de 100 millones de dólares” en total, según anunció Smolansky.

Desde la primera fila, Gustavo Tarre Briceño, el representante especial de Guaidó ante la OEA, aclaró que la ayuda humanitaria no tiene ideología. “No es política, es humanitaria y va dirigida a quienes la necesitan”, dijo. También el secretario general de la OEA puso el acento en el dolor humano. “Ojalá nunca hubiéramos tenido que organizar esta conferencia”, se lamentó Luis Almagro. “La ayuda que más necesita Venezuela es un cambio de régimen, el fin de la dictadura usurpadora”, cerró.