Por: Evencio J. González Patiño / 08/10/2020

Es indudable la importancia estratégica que representa para los Estados Unidos, el resto del continente americano. Mantener amigables relaciones, en lo político, económico y militar con todos los países de este lado del mundo, es vital para la seguridad y bienestar de la gran nación del norte. Esta afirmación, no sólo es de elemental lógica, sino que ha sido reconocido así, en innumerables documentos del Pentágono. También lo recoge con precisión, el siguiente documento estratégico: “US Southern Command Strategy 2018 Partnership for the Americas,” en el cual se reafirma la importancia de Latinoamérica y el Caribe para la seguridad y fortalecimiento económico de los Estados Unidos. Resulta igualmente obvio suponer, que en la lucha contra las grandes amenazas y problemas que sufre la nación norteamericana, tales como el narcotráfico, el terrorismo y la inmigración descontrolada, juega un papel fundamental el control realizado sobre dichos males en el resto del continente. Además, resulta imposible alcanzar la estabilidad económica y el disfrute de la paz social de una sociedad, mientras la misma esté rodeada de poblaciones con graves carencias y desigualdades. Así el bienestar de la población de Estados Unidos, siempre estará vinculado al grado de estabilidad social, presentes en el resto de la América Latina. Por otra parte la población actual de este amplio territorio continental, estimada en una cifra superior a los 600 millones de habitantes, se ha convertido en un mercado muy codiciado por las grandes potencias productoras del mundo, las cuales le han asignado el suficiente valor, como para desarrollar programas de apertura, penetración política y comercial hacia esta zona. Mayor interés debe representar dicho mercado para la primera potencia del mundo, por cuanto su vecindad le confiere la condición de ser su zona natural de influencia. No es necesario abundar en argumentos para entender las razones que llevarían a la gran nación del norte, a prestarle atención prioritaria a nuestra América Latina. Lamentablemente esto pareciera no haber sido históricamente así. Se ha señalado con frecuencia cierta desidia en las políticas del Pentágono hacia su vecindario, o como irónicamente lo califican algunos, hacia su patio trasero. Esta conducta era tan así, que en las alocuciones anuales de los variados Presidentes de dicho país, sobre el Estado de la Unión, se podían contar con los dedos de una mano y sobraban dedos, las menciones que en los mismos se hacían a los asuntos de nuestro continente. Para entonces, Latinoamérica era siempre tierra “de no hay de que” para la diplomacia norteamericana.

Podemos señalar entonces, que las recientes crisis de nuestra América, han despertado una mayor atención a sus asuntos por parte de las últimas administraciones norteamericanas. El llamado “Plan Colombia,” acuerdo de ayuda en su lucha contra el narco-tráfico y la guerrilla del hermano país, fue suscrito en tiempos de la administración de los presidentes Bill Clinton y Andrés Pastrana. Concebido originalmente como un Plan Marshall de ayuda al hermano país. Luego, bajo la administración Obama se convirtió en decisivo apoyo militar y técnico en su lucha contra la guerrilla y el narco-tráfico. La aprobación norteamericana a dicho plan, fue un claro cambio de mirada que los llevó a entender que los problemas continentales, indistintamente del país que los sufra, son también problemas de EEUU.

Más recientemente con el avance del crimen, el narco-tráfico y el terrorismo, desarrollados por el régimen Usurpador en Venezuela, se ha puesto nuevamente de manifiesto la política de defensa continental. La administración Obama inició algunas sanciones contra la dictadura y luego el Presidente Trump, ha puesto en práctica una cadena de efectivas restricciones y penalidades a los principales personeros y empresas del régimen, colocándolo en las precarias condiciones en que hoy se encuentra. Afortunadamente ambos partidos que se disputan históricamente el gobierno de los EEUU, han entendido la amenaza que dicho régimen, representa para todos los países de este lado del mundo. Ambos han expresado en innumerables oportunidades, su respaldo a nuestra causa. Esto quedó demostrado en la visita de nuestro Presidente Constitucional Juan Guaidó, al Congreso de los Estados Unidos. donde con presencia de la más alta representación de todas las instituciones de esa gran nación, republicanos y demócratas le brindaron de pie una prolongada y cálida ovación. De tal manera que estamos ante una política de estado ajena a su diatriba política. A tal punto de convertir la causa de la libertad de Venezuela, en uno de los pocos temas bipartidista de la política exterior de EEUU.

La irradiación continental de la tragedia que se vive en Venezuela no es una quimera, ya hemos vivido sus efectos claros en los pueblos hermanos. Es evidente el avance de la guerrilla en todo nuestro territorio, convertido en aliviadero para sus acciones militares foráneas. Se ha comprobado la existencia de células del terrorismo islámico. Resultan evidentes los lazos de complicidad entre la dictadura venezolana y el régimen fundamentalista iraní, el cual se ha convertido en su “último bejuco” del cual se guinda.

Venezuela vive la tragedia de país sometido por una banda de delincuentes, amparados por un grupo de gobiernos comunistas interesados en la penetración ideológica del continente. La soberanía territorial, distribuida entre mafias y carteles internacionales de la peor calaña. Convertida en “cabeza de puente” para el asentamiento de células terroristas. Nuestro territorio ha sido transformado en mercado mayorista de la droga. Hoy somos “plaza conquistada”, para desde allí irradiar una ola desestabilizadora y de penetración a las restantes democracias de nuestra América. La Comisión DDHH describe el prontuario criminal de los jefes del régimen, señalándoles con nombre y apellidos. Millones de venezolanos se han visto obligados a franquear las fronteras de la patria, en busca de una vida digna, con la lógica afectación que dicha estampida provoca en los países receptores. Un grupo de facinerosos se apoderó del gobierno y lo pone al servicio de sus fechorías internacionales. Cuando todo eso está ocurriendo en su entorno más cercano, no puede EE UU calificar una acción correctiva de su parte, como simple expresión de “realismo mágico”. Lo que ocurre en nuestro país no son “vapores de la fantasía”. Es una verdadera tragedia continental, donde si bien los primeros afectados somos los venezolanos, también el resto del continente sufre su parte y cada vez con mayor fuerza en la medida en que no se le ponga coto a dichos desmanes. Especialmente cuando el más perjudicado, terminaría siendo nuestro vecino mayor.

De tal manera que la suerte de nuestro país está estrechamente ligada a la suerte continental. Ya una vez en la historia, Venezuela asumió como propia la causa de una América libre y su ejército, con el triunfo como bandera, superó la gran mole andina para repartir libertad a nuestros pueblos hermanos. Son invalorables los aportes de nuestra democracia de los cuarenta años de civilidad, a la conquista de libertades en otras latitudes. Ha llegado la hora de presenciar una nueva expresión de la solidaridad continental, donde todos sus países tienen la obligación de dar su aporte. La obligación de preservar al continente es de todos los países por igual, pero los aportes están en función de la capacidad de cada uno. Es entonces cuando miramos a ese hermano mayor, EEUU en su rol de primera potencia, es el más obligado al cuidado del continente.

Afortunadamente así lo ha entendido el coloso del norte y ahora, cuando su pueblo está a las puertas de una elección presidencial, nos acompaña la tranquilidad de saber que la ayuda a nuestra causa, no está en juego en dichos comicios, pues gane quien gane, siempre ganará la causa de una Venezuela libre.

Evegopa 08/10/202