Alexis Ortiz

Comentario editorial para

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Lunes 2 de agosto de 2021

          En tiempos de la Democracia Civil (1958-1998), los políticos venezolanos teníamos muy claro que debíamos evitar interferir en la gestión técnica de PDVSA. Esa empresa era conducida en general por profesionales eficientes, acostumbrados a la competencia por méritos, alto nivel de formación académica y exigente experiencia en el manejo del negocio petrolero.

          Con la llegada del castrochavismo el lujo gerencial de PDVSA fue sacrificado. La corporación fue convertida en caja chica del empeño ruinoso del comediante eterno Hugo Chávez, en acaparar el poder y mantenerlo per secula seculorum.

          El arribo al gobierno de la Asamblea Nacional legítima y el presidente Juan Guaidó, nutrió la ilusión de volver a una PDVSA de méritos, autonomía gerencial y productividad. Esa esperanza nos emocionó a todos.  

          Por eso nos alarman las tentativas de gente democrática de entrometerse en la gestión cotidiana de PDVSA y CITGO; e incluso algunas proposiciones antojadizas tendientes a despojar a nuestro gobierno legítimo, del control de una industria que, para ser rentable e inequívocamente nuestra, es necesario que sea dirigida por quienes están preparados para hacerlo.

          En este momento PDVSA y CITGO están dirigidas por venezolanos empeñados en rescatar a esas empresas del descalabro propinado por la narcodictadura castrochavista. Al frente de ese esfuerzo está un criollo experimentado, patriota y prudente, por el cual yo no vacilaría en poner mis manos en el fuego: Horacio Medina.