Alexis Ortiz / Crónicas desde Miami / Artículo publicado en «elNuevo Herald» de Miami / 03 de Septiembre 2021

       Enrique Santos Discépolo, compositor argentino de aliento filosófico, nos alertó temprano:

          “Que el mundo fue y será una porquería, ya lo sé… ¡En el quinientos seis y en el dos mil también!

          Pero hoy preferimos buscar un atisbo de optimismo, sin dejar de reconocer la sapiencia del genial Discepolín. Es cierto que la humanidad  vive estremecida por la «maldad insolente». El guerrerismo vicioso y la complacencia en la muerte. La codicia y afán de dominio de las naciones. El consumismo desaforado. El descreimiento y la frivolidad de las masas. Las imposiciones de las noticias como espectáculos y las opiniones como refugios tribales.

          Que siguen actuando con impunidad y descaro dictaduras como las de Arabia Saudita, Bielorrusia, Bolivia, China, Cisjordania, Corea del norte, Cuba, Gaza, Irán, Nicaragua, Rusia, Somalía, Turquía, Yemén, Venezuela, Zimbavue…  

          Pero también lo es que en el medio oriente se encendió un candil. Una luz aún débil pero promisoria. Se trata de cierto alivio en la tensión árabe-israelí. La ya consolidada relación de paz y colaboración entre Egipto, Jordania e Israel, ha mostrado su pertinencia y utilidad. Y sobre todo, demuestra que la convivencia es posible entre los distintos.

          Y ahora brota un encuentro inteligente entre Israel, los sauditas y los emiratos árabes. Ya están compartiendo afanes comerciales, culturales e intentando prudentes entendimientos políticos. Emociona ver el recibimiento en Dubai y Abu Dabi a las iniciativas de los innovadores  empresarios judíos.

          Solo falta que los pueblos palestinos de Gaza y Cisjordania terminen de entender que no son los hebreos sus enemigos. Que es posible y necesaria la coexistencia armónica. Que tienen al enemigo en casa.

          Son sus líderes belicosos, corruptos, fanáticos religiosos, teledirigidos por la teocracia iraní, los que les imponen un odio a los judíos, cuyo resultado es el atraso, la pobreza y el horror.

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