Alexis Ortiz / CRONICAS DESDE MIAMI / Artículo publicado en “elNuevo Herald” de Miami /19/feb/21

        Los domingos en la misa digital que le escucho al cardenal de Caracas, Baltazar Porras, le pido a mi Virgen del Valle que Colombia siempre sea gobernada por un estadista como Iván Duque.

        Y que no permita la ascensión al poder de demagogos contumaces, como ese Gustavo Petro abrazado y abrasado por un socialismo que Rómulo Betancourt no hubiera vacilado en calificar de obsoleto y periclitado.

        El presidente Duque promovió una iniciativa de protección de los casi dos millones de venezolanos refugiados en Colombia. Una legalización que les dará acceso a servicios vitales como empleo, salud y educación.

        Con su postura Duque nos recuerda la conducta modélica de la mandataria alemana Angela Merkel. Ambos son compasivos y solidarios con los desterrados. Pero mientras la señora Merkel arriesga popularidad por su generosidad poco comprendida por un trozo de sus electores, el pueblo colombiano les ha respondido a los venezolanos con una fraternidad paradigmática.

        No podía ser de otro modo. En muchos artículos hemos hecho referencia al ideal grancolombiano del libertador Bolívar: Colombia, Ecuador, lo que es hoy Panamá y Venezuela juntas, para entrar con vigor en la exigente competencia planetaria.

        Y también hemos insistido en que no hay razones históricas, geográficas, económicas, culturales, antropológicas y hasta políticas, para que Colombia y Venezuela sean dos países distintos.

        Comparten la Amazonia, los Andes, el Caribe y los Llanos. El modo de comportarse, la música, la religión, el idioma y la alegría de vivir.

        Hasta el final de los  tiempos vivirán colocadas una al lado de la otra. Serán inseparables en el mapa y en los sueños. Su destino inexorable es reencontrarse y caminar juntas…

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