Por: Evencio González Patiño / 03/09/2020

Bajo el título de MARÍA CORAJE publiqué el 2 de septiembre del 2018, un artículo destacando mi admiración y reconocimiento a María Corina Machado. Quiero recoger hoy algunos de mis comentarios de entonces: “…. Su entrega apasionada a la causa de la liberación nacional, la ha llevado a sufrir múltiples agresiones y a ser protagonista de muchos incidentes, en los cuales derrochó valor. De todos ellos, destaca su actuación en aquella memorable sesión extraordinaria del Congreso Nacional por el año 2013. En ella cual se cumplía con el mandato constitucional, de presentación del mensaje anual del Presidente de la República. Allí estaba, esa especie de neo emperador parapetado en la tribuna de oradores, con su terciada banda presidencial, hablando ante el mundo, no sólo su vacío, tedioso e interminable mensaje, sino todo su poderío de hombre fuerte. Proyectaba tener a todo un país a sus pies, obligando a su audiencia, formada por la representación diplomática de casi todos los pueblos del mundo, invitados especiales y diputados, a permanecer impávidos durante nueve horas de perorata, porque así lo dispuso su santa voluntad. Rodeado de toda su corte ministerial de preeminencia militar, exhibiendo sus galas, repletas de guilindrajos como quincalla de pueblo, con surtidas medallas de desconocidos méritos. Todo el salón de sesiones colmado de adulancia y servilismo, los balcones del público hasta más no caber, con la nómina de incondicionales y aplaudidores de oficio. Aquello era la exposición más ostentosa de la supremacía de un régimen ante la débil representación de una oposición menguada y arrinconada. En ese hostil ambiente, el déspota, tratando de darle descanso a su pérfida lengua, o tal vez, viendo propicia la ocasión de aplastar la pequeña iniciativa de una débil joven opositora, le permitió interrumpir su aburrida plática. Aquel ser, pura estampa de fragilidad femenina, con su voz apenas audible ante el griterío de la jauría, supo apartar la pesada carga de coacción que se ejercía sobre ella y fustigó con dureza lo extenso y falso del mensaje y le enrostró al arrogante orador, su condición de ladrón, al despojar de sus propiedades a sus legítimos dueños sin compensación alguna. Descolocó de tal manera al tirano, quien no atinaba respuesta alguna. Como suele suceder con todo engreído, no pudo sino optar por la descalificación de quien osó increparlo, alegando que no era de su “ranking” para discutir con ella. Ese episodio me marcó profundamente, como creo le sucedió a muchos venezolanos y a partir del mismo, presté más atención a los pasos en política de María Corina.”…..

Y ha sido así, he seguido con atención y simpatía sus posturas de rectitud y su inquebrantable posición de cero tolerancias con la narco-dictadura. Pero debo confesar que su actitud frente a la propuesta de Guaidó me ha dejado totalmente desconcertado.

Es una verdad incuestionable la urgencia de lograr la unidad opositora para enfrentar al régimen. No hay materia más importante en este momento para el liderazgo de las fuerzas del cambio como lograr el consenso. Un acuerdo amplio de los principales partidos, es básico para la organización popular interna y es una reiterada exigencia de La comunidad internacional. La unidad ahora es algo vital, en cambio la visión estratégica que pueda separar a los integrantes del liderazgo, por no ser materia dogmática está sujeta a revisión y cambios. En tal sentido, el fracaso en la búsqueda de acuerdo entre María Corina y el Presidente Guaidó, es un hecho muy triste y lamentable para el bando de la libertad. Así creo lo percibe buena parte de nuestro pueblo. Igual de doloroso es ver la actitud ligera, de manera muy oronda y hasta con cierto regocijo, con la cual María Corina le anuncia al país tal fiasco. Una carta llena de señalamientos innecesarios sobre acontecimientos suficientemente conocidos por las partes, antes de dicho encuentro, lo cual evidencia cierta predisposición en contra de un acuerdo. La forma como se actuó refleja mucho más allá del disenso entre parcialidades de una misma causa, un grave desprecio por el valor de la unidad. Quien realmente comprenda la imperiosa necesidad de unirse, no despacha con tanto desparpajo, la mano extendida de Guaidó, como lo hizo María Corina Machado.

Con el mismo aprecio, consideración y respeto que he tenido en estos años por su actuación política, con esos mismos sentimientos invito a la joven lideresa, a revisar su actuación frente a este llamado a la unidad. Se equivoca si por su cabeza ha pasado la tentadora idea de sacarle provecho político a dicho rechazo. El país está unido en su dolor y clama por el entendimiento entre sus líderes, conoce perfectamente su recia posición frente a la dictadura y sus planteamientos para la salida, él sabrá reclamar la equivocación o valorar su rectificación. La tragedia venezolana nos exige a todos sus hijos sacrificios. El momento que vivimos es crucial, no es hora para individualismos mesiánicos. De nada vale creerse dueño de la verdad estratégica para ejecutarla en soledad. La unidad es tan preciada hoy, que incluso compensa los riesgos de compartir estrategia aún sin tenerle plena fe. El desprecio tan alegre a la unidad, representa un canto de gloria a los oídos del tirano.

Evegopa 03/09/2020