Por Alexis Ortiz / CRONICAS DESDE MIAMI / Artículo publicado en “elNuevo Herald” de Miami (23 0ctubre 2020)

En tiempos belicosos, de disturbios, temblores y maleficios, como los que transita la humanidad de estos días, las beatas de mi pueblo decían que el diablo andaba suelto y soltaban sus plegarias para ahuyentarlo. Pero los líderes lúcidos como mi tío Francisco, preferían pensar en positivo. Por eso en este calamitoso hoy, yo opto por celebrar a Carlos Alberto Montaner.

          De ese caballero andante cubano admiro:

          Su afán de dar la cara. De defender la democracia liberal sin complejos, ante el aparatoso renacimiento de los anacronismos, el populismo ruinoso de izquierda y derecha. Su compromiso con la libertad lo lleva a acopiar coraje para disentir de los extremismos de propios y extraños.

          Su escritura densa pero llena de gracia. Su magistral dominio del idioma. Ese refinamiento de periodista informado, pero también formado, que elude los simplismos sin caer en el exhibicionismo de los eruditos triviales.

          Su sentido del humor. Porque somos caribes, tropicales, festivos, cariñosos y locuaces, alérgicos a la gravedad, el atildamiento, las caras largas y las corbatas. Y por que la sabiduría comienza por no tomarse uno mismo muy en serio.

          Su capacidad para amar intensamente y durante toda la vida a una sola mujer. A mí, que he sido diverso y caótico en los sentimientos, se me infiltra la envidia ante historias de amor como la suya. Digo en mi descargo, eso sí, que con mi mujer actual voy a cumplir dos décadas de corrección.

          Y como los poetas José Martí y Aquiles Nazoa veneraban la amistad y proclamaban que es el mejor invento del hombre, destacamos que Carlos Alberto es un amigo confiable. Que cuando se presenta el hecho, como dicen los chilenos, “no le saca el poto a la jeringa”.

          Con ínfulas y arrogancia yo me permito alardear de ser amigo de Montaner.

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