Por Alexis Ortiz / CRONICAS DESDE MIAMI / Artículo publicado en “elNuevo Herald” de Miami (6-nov-2020)

El cardenal de Caracas Baltasar Porras, emblema de tolerancia y por eso vilipendiado por el monaguillo de Raúl Castro, Nicolás Maduro, en su homilía del pasado domingo, día de todos los santos, nos recordó que no solo entre los católicos podemos encontrar vidas santas.

          Sin duda merecen la santidad los poetas Juan de la Cruz y Teresa de Jesús, los sabios Agustín de Hipona y Tomás de Aquino, los políticos Ignacio de Loyola, Tomás Moro y Félix Varela, los pobres amorosos Francisco de Asís y Teresa de Calcuta, los científicos Alberto Magno y José Gregorio Hernández, los jóvenes Juana de Arco, los pastorcillos de Fátima y el cibernauta italiano Carlo Acutis…

          Pero debemos reconocer que vivieron en olor de santidad los cordobeses Averroes (musulmán) y Maimónides (hebreo), Mahatma Gandhi (devoto de la verdad y la paz), Martin Luther King (baptista), Desmond Tutú (anglicano), Andréi Sájarov y Marie Curie (físicos), el Dalai Lama (budista atropellado por China comunista) y…

          Los mandamientos vitales del compromiso judeocristiano son “Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo”. De  manera que quien ama a su propio Dios (por que el Señor es insondable y se manifiesta de diversos modos), y cumple el compromiso de solidaridad y afecto con sus semejantes, también merece ser santificado si sus virtudes llegan a ser heróicas.

          Con los papas modernizadores, Juan XXIII, Juan Pablo II y ahora Francisco, la Iglesia busca confirmarse en la defensa de la tolerancia, de la búsqueda de la convivencia según la fórmula de un prócer más bien agnóstico, Benito Juárez, quien enseñó que “entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”.

          Entonces son el dogmatismo comunista ateo y la furia del terrorismo musulmán, la amenaza a la tolerancia necesaria hoy.

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