Alexis Ortiz

CRONICAS DESDE MIAMI / Artículo publicado en “elNuevo Herald” de Miami (21 agosto 2020) …

        El virus siniestro atrapó a la tierra sufrida y se llevó a mi camarada de décadas, Pedro Mena. Eso obliga a apelar a los poetas. Al criollísimo Aquiles Nazoa que proclamó a la amistad como “el mejor invento del hombre”. Y al británico John Donne que se dolió: “La muerte de cualquier persona me disminuye, porque estoy involucrado en la humanidad”.

          Pedro murió en el destierro, tal le ha tocado a miles de los nuestros. No pudo regresar a su Caracas, llamada por el Apóstol Martí la “Jerusalén de las Américas”. Morir fuera parece ser un destino de los enamorados de la patria. Ya decía el irrepetible Andrés Eloy Blanco que a Venezuela, “el hijo bueno se le muere afuera y el hijo malo se le eterniza adentro”.

Mena fue un político decente. Bregador incansable por el rescate de la democracia, ultrajada por la narcodictadura castrochavista. Con él compartí misiones parlamentarias en China, Francia, Japón, Estados Unidos y los confines de Venezuela. Cuando dirigió la Mesa de Unidad Democrática en Florida, tuve el honor de trabajar a su lado en esos momentos estelares de la lucha libertaria.

Pero lo que más me interesa destacar es que Pedro Mena fue un campeón del amor al prójimo. Todos podían contar con él. Nunca escatimó apoyo a quien lo pidiera, sin importar que fuera un desconocido.

          Nuestra amistad tuvo discrepancias, algo lógico entre gente democrática. Pero en los tiempos venezolanos de la Democracia Civil, las diferencias eran procesadas con tolerancia y, sobre todo, los políticos teníamos claro que con un amigo uno puede calentarse, pero jamás romper.

          Y para abusar más de los poetas, acudo a Miguel Hernández:

          “Bajo su frente trágica y tremenda, / un toro solo en la ribera llora / olvidando que es toro y masculino”.

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