Alexis Ortiz / CRONICAS DESDE MIAMI / Publicado en “elNuevo Herald” de Miami (3 junio 2021)

Es conocido que nadie aprende de las experiencias ajenas. Y la frase adjudicada a Sófocles, Shakespeare o al profeta Ezequiel: “Dios ciega al que quiere perder”.

En Perú se refugió casi un millón de venezolanos. Huyeron de la tragedia creada por el castrochavismo. Los peruanos indecisos todavía o dispuestos a suicidarse con la candidatura del neocomunista Pedro Castillo, podrían preguntarle a cualquiera de esos refugiados: ¿Por qué se fueron de su país? ¿Por qué caminaron tantos kilómetros para venirse al Perú?

Seguramente les contarían su entusiasmo con el discurso populista y mentiroso del precursor de Castillo, Hugo Chávez. El ofreció que acabaría con la corrupción y la pobreza. Qué todos serían felices y podrían vengarse de los malvados ricos.

Cayeron en la trampa. Dos décadas de gobiernos castrochavistas convirtieron a Venezuela en el país más corrupto del mundo y elevaron la pobreza a alturas escandalosas. Encarcelan, torturan, exilian, humillan a todo el que se atreva a criticarlos.

Además, rebajaron el país a colonia de las dictaduras de Cuba, Rusia, China, Irán, del terrorismo musulmán, de las narcoguerrillas FARC y ELN, de las mafias de la mineria internacional.  Arrasaron la industria petrolera, a las empresas privadas, a la educación libre, al equilibrio de los poderes públicos, en fin, destruyeron al país.

Tal sería el destino del amado Perú si triunfa Pedro Castillo, quien no esconde su alianza con Sendero Luminoso y las dictaduras de Cuba, Bolivia, Nicaragua y Venezuela.

 ¡Qué Dios y la Virgen salven al Perú de una tragedia como la venezolana!

Bien lo escribió el lúcido escritor mexicano Enrique Krauze:

“No todo está perdido, por eso sería suicida perderlo todo. Keiko Fujimori está a años luz de ser una candidata ideal. Pero es la candidata posible para que el Perú no se precipite al abismo donde se encuentra Venezuela”.

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