Por Alexis Ortiz / CRONICAS DESDE MIAMI / Artículo publicado en “elNuevo Herald” de Miami /

18 Septiembre 2020

        La prepotencia imperialista del presidente ruso Vladimir Putín es una cierta amenaza a la libertad planetaria, en estos tiempos de vértigo y espanto.

          Las fuerzas que sostienen al señor Putín están identificadas:

          La arraigada superstición Gran Rusa que le inocularon los zares, los soviéticos y ahora Putín, a los ciudadanos de ese enorme país.

          La prédica nacionalista de la Iglesia Ortodoxa, alérgica a un   desarrollo de la libertad de cultos.

          El ejército con su ancestral pasión guerrerista y su costumbre de idolatría al Gran Caudillo.

          Una policía con tradición de siglos en la eficiencia represiva. Por cierto en ese escenario (la siniestra KGB) se formó Putín.

          La habilidad lograda para los fraudes electorales y el uso y abuso de las redes sociales. Esto le ha permitido interferir en las elecciones norteamericanas y a favor del separatismo catalán y del Brexit británico.

La alianza con una mafia empresarial codiciosa, corrupta y enemiga de la libre competencia.

          El acoso a los disidentes, hasta el descarado envenenamiento de los adversarios pacíficos.

          Vladimir Putín para afincar su delirio de dominio mundial, maltrata la economía rusa, empobrece a sus compatriotas, sostiene a los separatistas de Ucrania, al déspota de Bielorrusia, al genocida de Siria y a cuanto bicho malo asoma la cabeza en la tierra.

          En Venezuela, junto a la tiranía cubana, las teocracias musulmanas iraní y turca, el terrorismo de Hamas, Hezbola, ELN y residuos de la FARC, las pandillas internacionales de la minería ilegal y otras expresiones de la canalla global, Putín se ha dedicado a saquear nuestro país con la venta de armas de guerra, de instrumental para la represión y la extracción de minerales estratégicos.

          Para contener la ambición de Vladimir Putín, la gran esperanza es la democrática Unión Europea y una líder sabia como Angela Merkel.

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