¡Fiesta de San Isidro Labrador desde los andes hasta el noroeste!

¡Fiesta de San Isidro Labrador desde los andes hasta el noroeste!

Cultura venezolana

El mes de mayo y sus fiestas patronales, son gran parte del folclor tricolor. Una de estas fiestas destacadas de la temporada de lluvias, es la que se celebra en honor a San Isidro Labrador, una tradición de hace más de 500 años que en la actualidad se conmemora en los estados Trujillo, Mérida, Portuguesa, Miranda, Monagas y Falcón.

Origen histórico

Esta tradición fue traída por los colonos, a los indígenas que hacían vida en la ciudad de Lagunillas, estado Mérida, donde los conquistadores usaron a San Isidro Labrador como nuevo sujeto de adoración de la doctrina católica, sustituyendo al dios indígena de la lluvia conocido como “Ches”, por lo que se le considera al célebre canon como el protector de las cosechas y de los agricultores que los bendice con lluvias y estos lo celebran cantando “San Isidro Labrador quita el agua y pon el Sol”.

 San Isidro Labrador el patrono de la agricultura

Desde que se adoptó esta tradición, los agricultores realizan ferias agrarias en toda la región y procesiones el 14 y 15 mayo, donde en la actualidad se hacen referencia a las raíces indígenas del pueblo venezolano:

  • Miles de personas disfrazadas como los primeros nativos, así como las locaínas de antaño mientras que otros visten como caballeros con el rostro cubierto en su labor de promeseros de la procesión.
  •  La música de los tambores, las maracas y las chirimías acompaña la celebración que recorre cada rincón de las plazas andinas.
  • Se adornan a los bueyes con numerosas frutas como ofrendas al santo junto con otros elementos de la cosecha, combinados con flores de colores, colgantes y guirnaldas y son bendecidos en la misa para posteriormente recorrer la ciudad en la procesión.

Las imágenes y estatuillas del santo son llevadas en la procesión adornadas y cuidadas, mientras se rebosan de canticos, salmos y romances durante la fiesta.

Escrito para Bienvenidos Venezolanos por Luis Cedeño 17 de mayo de 2022.

Aprende sobre Pedro Elías Gutiérrez compositor de la música del Alma Llanera

Aprende sobre Pedro Elías Gutiérrez compositor de la música del Alma Llanera

Venezolanos célebres

El Alma Llanera es una de las canciones más importantes en la cultura venezolana, incluso es considerada un segundo himno para el país. 

La musicalidad de esta pieza icónica del folclor criollo nació de la mano de Pedro Elías Gutiérrez, un ilustre representante de la música nacional que desde su nacimiento en Caracas el 14 de mayo de 1870, hasta su deceso a mediados del siglo XX el  31 de mayo de 1954.

Conoce su historia

El nacido en la Guaira, tuvo una vida musical prodigiosa desde sus inicios, pues tan solo con 15 años ya era estudiante de otro famoso venezolano el maestro Trino Gil, destacó lo suficiente para conseguir una beca en Europa tras publicar su canción “Sinfonía” a la corta edad de 19 años. 

Aunque este jovencito no pudo aprovechar su beca por la muerte de su padre, no hacía más que escalar más alto en la música primero estudiando en la

 «Escuela de Música José Ángel Lamas», y luego dando el salto a la música profesional como contrabajista de la actual «Banda Marcial Caracas» de la cual fue director 37 años (1909-1946).

Destacó en la composición de valses, zarzuelas y joropo que eran su especialidad, sus composiciones en estos géneros lo llevaron a publicar algunos álbumes, y esto lo hizo ganarse el apodo de pionero en la producción discográfica musical venezolana.

El Alma Llanera

– Este famoso joropo venezolano nació como adaptación de dos valses distintos, la primera parte se basó en  “Marisela” de Sebastián Díaz Peña, y la segunda en “Mita” del compositor Jan Gerard Palm.

– Esta adaptación estuvo a cargo de Rafael Bolívar Coronado (escritor de la letra) y  Pedro Elías Gutiérrez (compositor de la música).

– Fue estrenado por primera vez el 19 de septiembre de 1914 en el Teatro de Caracas.

– Su estructura cuenta con lo que se conoce en zarzuela como «Un acto y tres cuadros».

Escrito para Bienvenidos Venezolanos por Luis Cedeño, 01 de Junio de 2022.

¡Conoce a los Diablos Danzantes de Yare!

¡Conoce a los Diablos Danzantes de Yare!

Tradición venezolana

Una de las agrupaciones culturales venezolanas más famosa se origina en el estado Miranda, esta no es más que los «Diablos Danzantes de Yare”, una tradición de más de 271 años dentro del territorio criollo venidos de los «Diablos Danzantes de Corpus Cristi de Venezuela», esto debido a que el día de la celebración es el día de Corpus Cristi (Cuerpo de Cristo). Sea cual sea la religión a la que se pertenezca esta típica danza al son de los tambores retumba al sentir de cada venezolano y no seguir el ritmo resulta imposible.

¿Qué hacen los Diablos Danzantes?

La festividad se resume en diversas danzas en donde se dramatiza la lucha entre el bien y el mal finalizando con el triunfo del llamado «Jesús de la Eucaristía sobre los demonios», irónicamente disfrazándose de diablos con túnicas y máscaras grotescas y excéntricas con la intención de ahuyentar a los maliciosos seres acompañados por los característicos tambores, cajas e instrumentos de cuerdas como el cuatro, que marcan el ritmo del baile.

Vestuario

En los principios de esta famosa tradición, las túnicas eran hechas de ropas vieja pintada de varios colores y tonalidades, pero debido a los acontecimientos de 1948 con el derrocamiento del presidente Rómulo Gallegos se establecieron en una presentación donde se les donaron telas rojas para la indumentaria y hasta el día de hoy prevalecen con el único en la indumentaria de las mujeres que usan las características de faldas rojas pero con la diferencia de que usan camisas blancas.

Las características máscaras de los diablos, históricamente se hacen moldeando arcilla, aunque existen muchas formas de hacerse, como con papel maché, pasta profesional, cemento, tallados de madera, entre otras. Cada máscara tiene su valor en la jerarquía de los diablos según el largo y cantidad de los cuernos, su acabado artístico es individual y cambia dependiendo de la región.

La vestimenta de los diablos se acompaña con collares de crucifijos y rosarios, junto con maracas y cruces de palmas benditas. Estos complementos a su vestimenta tienen su significado y cambian según la posición, los promeseros usan tres cruces de palmas por ejemplo, al lado del corazón, en la espalda y en el manto de la máscara, además del mandador y el rosario.

Patrimonio de Venezuela y el Mundo

 La celebración además de estar en cada parte del territorio nacional también es reconocida según la Unesco como «Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad» desde 2012 (En la actualidad Venezuela cuenta con 10 denominaciones de este tipo).

Escrito para Bienvenidos Venezolanos por Luis Cedeño, 30 de abril de 2022.

La semana santa en Venezuela

La semana santa en Venezuela

¡Una tradición sin fin!

La sociedad venezolana ha experimentado mucho culturalmente, esto debido al mestizaje entre europeos, africanos e indígenas de antaño lo que dejó como uno de sus legados, una sociedad 92% católica con un auge tradicional único. La semana santa es producto de esto ya que es celebrada desde tiempos coloniales. Independientemente de la inclinación religiosa que se tenga, todos disfrutan el ambiente que se genera, lo que se identifica como «El sentir venezolano».

¿Cuáles son las tradiciones en semana santa?

El festejo previo a las pascuas comienza con el «Domingo de ramos», donde la gente acude a las iglesias con palmas en forma de cruz que se usan para bendecir y proteger los hogares tradicionalmente.

 Luego, los días previos al triduo pascual son bastante reflexivos, a través de dramatizaciones y eventos a pequeña escala en las iglesias.

 Llegado el jueves santo, conocido como «el día de la traición» por la traición de Judas Iscariote a Jesucristo, comienza la visita a los siete templos, aquí las personas visitan siete iglesias distintas en todo el día compartiendo entre sí la adoración.

El viernes y sábado santos, representando la crucifixión y la vigilia pascual respectivamente, donde se acostumbra realizar una procesión conmemorativa de la pasión cristiana llamada «Viacrucis» la cual consta de 15 estaciones que representan el camino de Jesucristo hasta la resurrección, a estar hasta muy tarde en las iglesias, además llevar muchos envases con agua y velas para ser bendecidas.

El domingo que culmina la semana santa se considera el día con más fervor, representa la resurrección de cristo, y se realizan fiestas y agasajos, junto a la «Quema de judas», que consiste en colocar un muñeco echo con ropa vieja junto con una foto de alguna persona que se considere que traicione la patria, (principalmente se usan fotos de políticos) y se quema mientras se muestra por toda la ciudad.

Los palmereros de Chacao tesoro caraqueño

Tradicionalmente un grupo de personas desde niños a ancianos, suben el viernes de concilio el Ávila, en busca de palmeras para ser bendecidas el “domingo de ramos”, esta agrupación data del siglo XVIII específicamente del año 1770, y es considerada un patrimonio cultural venezolano y orgullo caraqueño.

Gastronomía típica

Teniendo en cuenta que en semana santa, se ofrecen ayunos y normalmente se evitan las carnes rojas según las costumbres religiosas se come mucho pescado, yuca y papa, junto con dulces que ayudaban antiguamente a los cristianos a suplir las energías que les aportaban las carnes que debían evitar, como el arroz con coco o con leche, los buñuelos y las torrejas.

La cultura venezolana se reinventa en Whatsapp

La cultura venezolana se reinventa en Whatsapp

Desde el 3 de marzo, cada domingo Miguel Henrique Otero —presidente del diario venezolano El Nacional— y Nelson Rivera —director de su suplemento cultural desde hace casi veinticinco años— envían desde sus teléfonos móviles el pdf del Papel Literario a casi cinco mil personas. Los servidores del diario lo mandan a otros 19.500 lectores. Es imposible saber cuántos venezolanos de todo el mundo reciben y comparten esas páginas digitales que en otra vida se leyeron impresas.

De ese modo sobrevive desde el exilio la publicación periódica cultural más importante de Venezuela (y el suplemento cultural en activo más antiguo de América Latina, que el año pasado cumplió 75 años de vida). Y lo hace con un sello añadido al diseño de su cabecera, en que se lee: «Resistencia».

«Nos ha mostrado un potencial extraordinario, los lectores se convierten en agentes activos de la distribución», me cuenta Rivera por Whatsapp desde San Pedro de Nós, un pueblo de 5000 habitantes en la provincia española de La Coruña. «Estaba en España, cuando el 2 de septiembre de 2015, Diosdado Cabello me acusó, en su programa Con el mazo dando, de estar involucrado en una conspiración junto a Miguel Henrique Otero», prosigue. Unos días más tarde un grupo de la Dirección General de Contrainteligencia Militar se equivocó de casa e irrumpió en otra pensando que era la suya. Sería cómico si no fuera tan trágico: no ha podido regresar a Caracas.

Cinco meses antes Cabello había iniciado acciones legales, tanto mercantiles como penales, contra la empresa editorial y sus directivos, después de que El Nacional publicara una información de The Wall Street Journal y ABC sobre la posible implicación del dirigente chavista en las redes del narcotráfico (posteriormente ganaría la demanda por difamación contra el diario y amenazaría con ser su nuevo presidente).

El Nacional
El Nacional

El acoso contra El Nacional no ha cesado desde entonces y se tradujo en la desaparición de su edición impresa el pasado 14 de diciembre. Pero la redacción continúa trabajando, concentrada en la edición digital. «La lectoría de la web no para de crecer desde 2015», prosigue Rivera, hasta convertirse en uno de los medios de comunicación latinoamericanos líderes en la red, «sin duda a causa de la emigración venezolana» (que según cifras recientes de ACNUR suma ya cuatro millones de personas).

Aunque Miami y Bogotá sean tal vez las ciudades más importantes del exilio político y económico venezolano, en España se encuentran los principales núcleos culturales. En Madrid ha abierto sus puertas la sede española de Kalathos Editorial (dirigida por Artemis Nader y David Malavé), y es donde viven —entre otros— el propio Otero, la ensayista Marina Gasparini Lagrange, la pintora Emilia Azcárate, la actriz Ana María Simón o la periodista cultural Karina Sainz Borgo (quien ha internacionalizado la realidad venezolana en su primera novela, La hija de la española); mientras que en Barcelona lo hacen la editora Virginia Riquelme, los escritores Pedro Plaza Salvati, Alejandro Padrón y el editor Ulises Milla.

La directora de cine Claudia Pinto reside en Valencia y en Málaga lo hace Rodrigo Blanco Calderón, que la semana pasada, con The Night —una exploración metaliteraria y política de los apagones sucedidos en Caracas en 2010— , ganó el premio de la Bienal de Novela Mario Vargas Llosa y situó a la literatura venezolana en el centro del foco de la literatura iberoamericana actual.

La artista Nela Ochoa y el gestor cultural y ensayista Antonio López Ortega, por su parte, se mudaron a Santa Cruz de Tenerife a finales de 2017. «Yo creo que, por lo menos en el campo literario hay varios centros de creación, empezando sin duda por el que se encuentra en Venezuela, con escritores que siguen trabajando con esfuerzo», me cuenta él por teléfono, en alusión a autores como Igor Barreto, Ednodio Quintero, Willy McKey o Victoria de Stefano.

Junto con los investigadores Miguel Gomes y Gina Saraceni, López Ortega ha seleccionado y prologado el volumen Rasgos comunes. Antología de la poesía venezolana del siglo XX, un impresionante libro de 1150 páginas que —como el Papel Literario— se está convirtiendo en un símbolo de resistencia. Desde las Islas Canarias opina que «esta coincidencia de la antología con el momento específico de Venezuela le ha dado a la edición un simbolismo especial, que obviamente no estaba previsto, pues en una hora tan oscura y terrible como la que vivimos, el libro se está viendo como un mecanismo de compensación, al menos en el plano de lo simbólico».

Ochenta y siete poetas apelan a la universalidad de la poesía venezolana y, en palabras del escritor, «convierten la antología en la mejor versión posible de Venezuela». Quizá por eso los lectores venezolanos que viven en Nueva York, Miami, Bogotá, Caracas, Buenos Aires, París o diversas ciudades españolas están comprando, regalando y reivindicando el libro, tanto en papel como en digital, porque —concluye López Ortega— «se ha convertido en una suerte de salvavidas, en un rayo de luz».

c.2019 New York Times News Service / Infobae