Venezolanos que Hacen Historia #35: RÓMULO BETANCOURT

Venezolanos que Hacen Historia #35: RÓMULO BETANCOURT

El venezolano de la semana es #RómuloBetancourt. Político, profesor, periodista, escritor, dos veces presidente de Venezuela entre 1945 y 1948 y en el período 1959-1964. Hijo de un inmigrante canario de La Orotava y una criolla de Guatire.

Sufrió acoso y exilio por su brega para establecer el pluralismo y la libertad en Venezuela. Fundó el partido Acción Democrática y se le considera el principal fundador de la democracia venezolana.

Entre sus méritos relevantes está que su gobierno civilista derrotó política y militarmente la agresión a nuestro país del déspota comunista cubano, Fidel Castro.

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COLLAGE VIGÉSIMO SEXTO SOBRE RÓMULO BETANCOURT

COLLAGE VIGÉSIMO SEXTO SOBRE RÓMULO BETANCOURT

(Llegó la dictadura: la Resistencia, el Exilio –II-)

Carlos Canache Mata

El asesinato del 13 de noviembre de 1950 del teniente coronel Carlos Delgado Chalbaud, lo llevó
de la silla presidencial de Miraflores a la oscura tumba del magnicidio. Su sustitución por el doctor
Germán Suárez Flamerich, un civil puesto en la presidencia de la Junta que pasó a llamarse Junta
de Gobierno, fue el mascarón de proa que sirvió de adorno a la dictadura militar. Ésta, en vez de
mellar el filo de su política represiva, lo hizo más cortante, tanto en la política doméstica, como
contra quienes hacían oposición desde el exilio. Esta opinión, que se alza apoyada en la
contundencia de los hechos, la comenta el economista Eduardo Mayobre, de esta manera: “El
contraste entre la represión política de los años 1948-1950, realizada a través del desconocimiento
de los mecanismos y de la institucionalidad constitucional, por medio de decretos de carácter
jurídico, y limitada a la persecución de los militantes y simpatizantes de AD, el partido político
mayoritario, por una parte, y la actuación policial iniciada a partir del asesinato de Delgado
Chalbaud, cuando se suspendieron las garantías políticas, ha conducido a que el período de la
Junta Militar de Gobierno se califique de manera generalizada como la dictablanda, por oposición
a la dictadura que a partir de entonces dominó la vida política nacional” (1). La actuación policial
de la dictadura, en efecto, pasó el umbral que separa a la represión del crimen.


El frustrado atentado contra Rómulo Betancourt en La Habana.

La tarde del 18 de abril 1951, en la barriada céntrica del Vedado de La Habana, donde Rómulo
Betancourt estaba desterrado, se abalanzó sobre él, cuando se iba a montar en su vehículo, una
persona que llevaba en sus manos una jeringa cargada de veneno, cuyo contenido líquido,
afortunadamente, no pudo vaciar, al ser rechazado por el fundador de AD con su brazo izquierdo,
que sólo fue “arañado” porque la aguja se había doblado. Se le aplicó termo-cauterio para evitar
la circulación del tóxico. El agresor huyó, la jeringa fue recogida, y su contenido (dos centímetros
cúbicos) fue analizado por el Laboratorio de Química Legal de la Policía Secreta cubana, que
determinó que era una sustancia conocida como Iperita o Gas Mostaza, usado por los alemanes en
la primera guerra mundial. El Comité Ejecutivo Nacional (CEN) de Acción Democrática en la
clandestinidad, cuyo Secretario General era Leonardo Ruiz Pineda, emitió el 22 de abril un
comunicado, en el que se lee: “AD cumple en señalar a Pérez Jiménez y su grupo como instigadores

y responsables de este atentado y les hace responsables por la vida de todo conductor y dirigente
de nuestro Partido que sea víctima de sus bestiales propósitos criminales”. La revista ‘Bohemia’, de
La Habana, editorializó el 29 de abril sobre el intento de asesinato, con frases lapidarias: “Fue un
procedimiento siniestro y sombrío, propio de aquellas épocas de las repúblicas italianas
cesarizadas en el Renacimiento, en que el arte de matar se vió asistido por todos los refinamientos
y maquinaciones de la ‘razón de Estado’…concretamente: hay todas las razones del mundo –aparte
de las que se fundan en las declaraciones del propio Betancourt- para hacer responsable de ese
crimen, directa o indirectamente, al Gobierno militar de Venezuela, para quien el prestigio de
Rómulo Betancourt y su mera presencia en una tierra libre, constituyen una verdadera pesadilla”
(2).

Siete meses después del atentado, un Informe Confidencial del Jefe de la Policía Secreta Nacional
de Cuba (Erundino Vilela Peña), de noviembre de 1951, entregado al Presidente Carlos Prío
Socarrás, hace las siguientes revelaciones: “De las averiguaciones practicadas por este Cuerpo para
esclarecer el hecho, merece atención especial una confidencia recibida por esta Jefatura. De
acuerdo con esa confidencia, el atentado fue perpetrado por tres individuos que se trasladaron
desde Tampa, Florida, contratados para ejecutar el asesinato del ex-Presidente de Venezuela, a
esta ciudad de La Habana. Según el informe obtenido, fue un dominicano de nombre Carlos Torres,
residente en Miami, quien hizo el trato con la banda de malhechores que opera en la mencionada
ciudad de Tampa, para su traslado a La Habana y ejecución del plan señalado, mediante el pago de
una suma que al parecer ascendió a $ 150.000 facilitados, según las mismas fuentes de
información, por la Junta de Gobierno de Venezuela”, y, se asevera en el Informe, “que la sustancia
contenida en la jeringuilla no era ‘Iperita´, como lo informara el Doctor-Jefe del Laboratorio de
Toxicología del Gabinete Nacional de Identificación, sino veneno de cobra traído, a ese efecto, por
los componentes de la banda de malhechores” (3).

Me he extendido en el relato sobre el fallido atentado contra Rómulo Betancourt en La Habana
porque la Junta de Gobierno, y sus represantes del servicio exterior en varios países
latinoamericanos, manifestaron que tal atentado no existió, que era “una mentira, una farsa”.

Prisión y rescate de Alberto Carnevali.

El 8 de mayo del mismo año 1951, mientras celebraba una reunión clandestina, es detenido en Caracas Alberto Carnevali, quien había entrado subrepticiamente al país en el mes de octubre del año anterior; pero unas semanas después, el 26 de julio, fue rescatado del Puesto de Socorro de la esquina de Salas, donde había sido trasladado por motivos de enfermedad, en una operación de comando realizada por una brigada de activistas de Acción Democrática.

Creación del Bloque Democrático Nacional.

El 19 de abril de 1951, un día después del intento de atentado contra Rómulo Betancourt en Cuba,
fue promulgado el Estatuto electoral que regiría para las elecciones de la Asamblea Nacional
Constituyente, y en mayo se nombra el Consejo Supremo Electoral, presidido por Vicente Grisanti,
cuya actuación en los comicios del 30 de noviembre de 1952, analizaremos más adelante. Para
participar en esos comicios, se constituyó el Bloque Democrático Nacional (BDN) por relevantes
personalidades de diversos sectores de la sociedad venezolana, encabezados por el doctor Carlos
Morales, Martín Pérez Guevara, José Antonio Mayobre, Lucila Palacios, Enrique Tejera País, entre
otros. Por ante la Gobernación del Distrito Federal fue solicitada su legalización el 26 de agosto de
1951, la cual fue acordada, no así en el resto del país.

Cuatro días después, el 31 de agosto, Pedro Estrada es nombrado Director de la Seguridad
Nacional. Los dirigentes del BDN fueron hostigados, algunos encarcelados, otros expulsados del
país. En la noche del 23 de septiembre del mismo año 1951, “la policía política acribilló a balazos la
carrocería del automóvil donde viajaba el doctor Leonardo Ruiz Pineda, Secretario General de
Acción Democrática y jefe de la resistencia clandestina, quien por esa vez logró eludir la sentencia
de muerte que lo amenazaba” (4).

En ese tenso ambiente político nacional, se inicia “un octubre conmocional”, como dijera Rómulo
Betancourt.

1)Eduardo Mayobre.“Venezuela 1948-1958 la Dictadura Militar”. Serie Antológica Historia
Contemporánea de Venezuela, número 6. Fundación Rómulo Betancourt. Página27.

2)Antología Política. Volumen Quinto. 1948-1952. Fundación Rómulo Betancourt. Página 574.

3)Antología Política. Obra citada. Páginas 583 y 584

4)Rómulo Betancourt. “Venezuela, política y petróleo”. Fondo de Cultura Económica. 1956. Página
486.